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Cisma de Oriente y Occidente

Años
1054

Qué pasó

La separación entre la Iglesia latina, en comunión con Roma, y las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina. Suele fecharse en 1054, cuando legados papales y el patriarca Miguel Cerulario se excomulgaron mutuamente, pero la mayoría de los historiadores la ve como un proceso gradual que se consolidó con el saqueo de Constantinopla en 1204.

El detalle

Mucho antes de 1054, el Oriente griego y el Occidente latino venían distanciándose. Hablaban lenguas distintas, desarrollaron estilos teológicos y costumbres diferentes y, desde el año 800, cuando Carlomagno fue coronado emperador en Roma, vivieron bajo reclamos rivales al Imperio romano. Roma y Constantinopla ya habían roto la comunión varias veces, por ejemplo durante el cisma acaciano (484–519) y el conflicto de Focio (863–867). Las cuestiones de fondo eran la autoridad del papa sobre toda la Iglesia y el Filioque, la expresión «y del Hijo» que las Iglesias latinas añadieron al Credo niceno-constantinopolitano (habitualmente se remonta al III Concilio de Toledo, 589; la promovió la corte franca y en Roma se cantó en el Credo solo desde 1014). También pesaban diferencias prácticas: Occidente usaba pan ácimo en la Eucaristía, exigía el celibato a los sacerdotes y ayunaba los sábados.

La crisis de 1054 se desató por disputas sobre costumbres latinas y griegas en el sur de Italia y en Constantinopla, entre ellas una carta de León de Ocrida que criticaba los ácimos y el cierre de las iglesias latinas de Constantinopla por el patriarca Miguel Cerulario. El papa León IX envió legados encabezados por el cardenal Humberto de Silva Cándida. Las negociaciones fracasaron y el 16 de julio de 1054 Humberto depositó una bula de excomunión contra Cerulario y sus partidarios sobre el altar de Santa Sofía. Pocos días después, un sínodo presidido por Cerulario anatematizó a los legados. León IX había muerto en abril, de modo que la autoridad de los legados era dudosa, y las sentencias nombraban a personas, no a las dos Iglesias como tales. En su momento, muchos no consideraron decisivo el episodio.

Lo que hizo real la ruptura fueron los acontecimientos posteriores. Las Cruzadas pusieron a latinos y griegos en contacto estrecho y a menudo hostil; en 1182 los residentes latinos de Constantinopla fueron masacrados, y en 1204 la Cuarta Cruzada saqueó Constantinopla, instaló un emperador y un patriarca latinos y colocó obispos latinos en sedes griegas. Para muchos ortodoxos, esto, más que 1054, selló la separación. Siguieron dos concilios de reunión. En el II Concilio de Lyon (1274), el emperador Miguel VIII Paleólogo aceptó la unión sobre todo por razones políticas, pero el clero y el pueblo la rechazaron y fue abandonada tras su muerte (1282). En el Concilio de Ferrara-Florencia, el decreto de unión Laetentur caeli (1439) fue firmado por la mayoría de la delegación griega, con la negativa de Marcos de Éfeso; fue rechazado en Oriente, proclamado en Constantinopla recién en diciembre de 1452, meses antes de que la ciudad cayera en manos otomanas (1453), y repudiado formalmente por un sínodo ortodoxo en 1484.

En lo teológico, cada parte cuenta la historia de modo distinto. En el relato ortodoxo, Roma se apartó de la fe común del primer milenio al modificar el Credo sin un concilio ecuménico y al reclamar una jurisdicción universal que la Iglesia antigua nunca reconoció, en la que Roma tenía un primado de honor entre los patriarcados; la Iglesia ortodoxa se ve a sí misma como la continuidad de la Iglesia indivisa. En el relato católico, la comunión con el sucesor de Pedro es una nota constitutiva de la Iglesia, el Filioque expresa una enseñanza occidental legítima y compatible con el «por el Hijo» griego, y las Iglesias orientales se separaron de esa comunión, aunque conservaron sacramentos válidos y la sucesión apostólica. Ambos relatos coinciden en que la política, el desconocimiento mutuo y la violencia profundizaron la herida tanto como la doctrina.

En el siglo XX las relaciones mejoraron notablemente. El papa Pablo VI y el patriarca ecuménico Atenágoras I se reunieron en Jerusalén en 1964, y el 7 de diciembre de 1965 publicaron una declaración conjunta que «borraba de la memoria» las excomuniones de 1054. Eso levantó las sentencias personales, pero no restableció la comunión. En 1979–1980 comenzó una Comisión Mixta Internacional para el diálogo teológico; su documento de Rávena (2007) trató el primado y la conciliaridad. En 2001, en Atenas, Juan Pablo II expresó su pesar por el saqueo de 1204. Las principales cuestiones abiertas siguen siendo el primado y la infalibilidad papal, el Filioque y la situación de las Iglesias católicas orientales (un punto sensible desde la Unión de Brest, 1596).

Las partes

  • Iglesia católica (latina, en comunión con Roma)
  • Iglesia ortodoxa (patriarcados de tradición bizantina)

Fechas clave

  • III Concilio de Toledo, asociado al primer uso del Filioque en el Credo589
  • El Credo con Filioque se canta en Roma1014
  • Excomuniones mutuas entre los legados de Humberto y Cerulario1054
  • La Cuarta Cruzada saquea Constantinopla1204
  • Unión del II Concilio de Lyon (luego abandonada)1274
  • Decreto de unión de Florencia, Laetentur caeli1439
  • Caída de Constantinopla1453
  • Sínodo ortodoxo repudia la unión de Florencia1484
  • Pablo VI y Atenágoras I levantan las excomuniones de 10541965