La posición católica
Cómo la Iglesia católica entiende el bautismo, con sus propias fuentes.
Qué enseña
Lo que la Iglesia católica enseña sobre el bautismo, con el grado de autoridad que le corresponde según las categorías de la Iglesia.
Para la Iglesia católica, el bautismo es «el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra» (Catecismo 1213): por él la persona es liberada del pecado, renace como hijo de Dios, se hace miembro de Cristo y entra en la Iglesia. Es la puerta de la vida cristiana y de los demás sacramentos, y se da una sola vez. (Catecismo 1213; Catecismo 1272; Código de Derecho Canónico, can. 849; Florencia, Exsultate Deo)
El bautismo es uno de los siete sacramentos que Cristo instituyó. Como todo sacramento de la Nueva Ley, no es solo un signo exterior de una gracia recibida antes por la fe: contiene la gracia que significa y la confiere a quien no le pone obstáculo. Por eso la Iglesia lo llama «el sacramento del nuevo nacimiento»: lo que el agua significa, el lavado y la vida nueva, el bautismo lo realiza.
DogmaTrento, ses. VII, De los sacramentos en general, can. 1, can. 6, Catecismo 1127, Catecismo 1215
Por el bautismo se perdonan el pecado original y todos los pecados personales, y todas las penas debidas por el pecado. El bautizado es hecho «una nueva creatura», hijo adoptivo de Dios, miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo, y recibe la gracia santificante con la fe, la esperanza y la caridad. En él queda una inclinación al pecado, la concupiscencia, «dejada para el combate», que la Iglesia no considera pecado en sentido propio.
Dogma y Enseñado por un concilio y dogma y Enseñado por un concilioTrento, ses. V, can. 5, Florencia, Exsultate Deo, Vienne, Fidei catholicae, Trento, ses. VI, cap. 7, Trento, ses. VI, can. 11, Catecismo 1263–1266
Para la Iglesia católica, el bautismo hace a la persona miembro del Cuerpo de Cristo y la «incorpora a la Iglesia» (Catecismo 1267), y la hace participar «del sacerdocio de Cristo, de su misión profética y real» (Catecismo 1268). Es el «sacerdocio común de los fieles», que se distingue del sacerdocio ministerial «esencialmente y no sólo en grado», aunque ambos «se ordenan, sin embargo, el uno al otro» (Concilio Vaticano II, Lumen gentium 10). El bautizado tiene deberes y derechos en la Iglesia, y está obligado a «confesar delante de los hombres la fe» que recibió (Catecismo 1269–1270).
Magisterio auténticoCatecismo 1267, Catecismo 1268, Catecismo 1269–1270, Catecismo 1273, Lumen gentium 10, Lumen gentium 11
Para la Iglesia católica, el bautismo es necesario para la salvación: el Señor mismo lo afirma («el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios», Juan 3:5). Lo es para quienes han conocido el Evangelio y han tenido la posibilidad de pedirlo. La Iglesia «no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna»; pero «Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, sin embargo, Él no queda sometido a sus sacramentos» (Catecismo 1257). El que muere por la fe sin haberse bautizado (el «bautismo de sangre») y el catecúmeno que muere deseándolo reciben sus frutos (Catecismo 1258–1259). De quien, sin conocer el Evangelio, busca la verdad y hace la voluntad de Dios según la conoce, el Catecismo dice que «puede ser salvado», y añade: «Se puede suponer que semejantes personas habrían deseado explícitamente el Bautismo si hubiesen conocido su necesidad» (Catecismo 1260). A los niños que mueren sin bautismo la Iglesia los confía a la misericordia de Dios, y el Catecismo dice que la misericordia de Dios y la ternura de Jesús con los niños «nos permiten confiar en que haya un camino de salvación» para ellos; por eso, añade, es «más apremiante aún» la llamada a no impedir que los niños vengan a Cristo por el bautismo (Catecismo 1261).
Dogma y Enseñado por un concilio y Enseñado por el Catecismo y Enseñado por el CatecismoTrento, ses. VII, Del bautismo, can. 5, can. 2, Trento, ses. VI, cap. 4, Catecismo 1257–1261, Lumen gentium 14, Lumen gentium 16, Código de Derecho Canónico, can. 849
La Iglesia bautiza a los niños pequeños. Nacidos con el pecado original, también ellos necesitan el nuevo nacimiento del bautismo; y en ellos se manifiesta «particularmente» que la salvación es pura gracia, porque el bautismo «es una gracia y un don de Dios que no suponen méritos humanos» (Catecismo 1250, 1282). Son bautizados «en la fe de la Iglesia», y la fe tiene que crecer en ellos después, con la ayuda de los padres y los padrinos. Para la Iglesia es «una tradición inmemorial», que el Catecismo dice «atestiguada explícitamente desde el siglo II» (Catecismo 1252).
Dogma y Enseñado por el CatecismoTrento, ses. V, can. 4, Trento, ses. VII, Del bautismo, can. 13, Catecismo 1250, Catecismo 1252, Catecismo 1253, Catecismo 1282
El bautismo es «el sacramento de la fe» (Catecismo 1253): el adulto llega a él por la fe y el arrepentimiento, y el niño es bautizado en la fe de la Iglesia, que tiene que crecer en él. La Iglesia enseña que los sacramentos obran «ex opere operato», es decir, «en virtud de la obra salvífica de Cristo», de modo que «el sacramento no actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios»; pero «los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe» (Catecismo 1128).
Dogma y Enseñado por un concilioTrento, ses. VII, De los sacramentos en general, can. 8, can. 6, Catecismo 1128, Catecismo 1123, Catecismo 1253–1254, Trento, ses. VI, cap. 6
La materia del bautismo es agua verdadera y natural; la forma son las palabras «Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Catecismo 1240, 1284). El bautismo se realiza «de la manera más significativa» por triple inmersión, pero «desde la antigüedad» puede conferirse también derramando agua tres veces sobre la cabeza (Catecismo 1239). Un cambio en lo esencial de la fórmula hace nulo el bautismo.
Dogma y Enseñado por un concilio y disciplina y disciplinaTrento, ses. VII, Del bautismo, can. 2, Florencia, Exsultate Deo, Letrán IV, const. 1, Catecismo 1239–1240, Catecismo 1278, Catecismo 1284, Código de Derecho Canónico, can. 854, Gestis verbisque (2024)
Los ministros ordinarios del bautismo son el obispo, el presbítero y, en la Iglesia latina, el diácono. En caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar válidamente si usa la fórmula trinitaria y tiene la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Por eso la Iglesia reconoce como verdadero bautismo el que dan, con esa fórmula y esa intención, quienes no están en comunión con ella.
Dogma y Enseñado por un concilio y disciplinaFlorencia, Exsultate Deo, Trento, ses. VII, Del bautismo, can. 4, De los sacramentos en general, cann. 10–12, Catecismo 1256, Código de Derecho Canónico, can. 861
El bautismo imprime en el alma un sello espiritual indeleble, el «carácter», por el que el bautizado queda configurado con Cristo y consagrado para el culto. Ningún pecado lo borra, aunque el pecado pueda impedir que el bautismo dé frutos de salvación. Por eso el bautismo no se repite, tampoco a quien negó la fe y vuelve arrepentido.
DogmaTrento, ses. VII, De los sacramentos en general, can. 9, Del bautismo, can. 11, Catecismo 1272, 1280, Código de Derecho Canónico, can. 845 §1, Catecismo 1273; Lumen gentium 11
El bautizado queda obligado a toda la ley de Cristo, no solo a la fe. Los pecados graves cometidos después del bautismo no se perdonan con solo recordar el bautismo y creer en él: para ellos Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia, distinto del bautismo, que el Catecismo, citando a los Padres, llama «la segunda tabla (de salvación) después del naufragio» (Catecismo 1446). Por el bautismo, enseña Trento, se recibe «plena y entera remision de los pecados»; a esa misma renovación no se llega por la Penitencia «sin muchas lágrimas y trabajos».
DogmaTrento, ses. VII, Del bautismo, can. 7, can. 10, Trento, ses. XIV, cap. 2, ses. XIV, can. 2, Catecismo 1446
Para la Iglesia católica, quienes creen en Cristo y han recibido válidamente el bautismo «están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia católica» (Catecismo 1271), y «justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica» (Concilio Vaticano II, Unitatis redintegratio 3). El bautismo «constituye un poderoso vínculo sacramental de unidad», pero «por sí mismo es tan sólo un principio y un comienzo», ordenado a la plena comunión (Unitatis redintegratio 22).
Magisterio auténticoUnitatis redintegratio 3, Unitatis redintegratio 22, Catecismo 1271, Código de Derecho Canónico, can. 869 §2
Para la Iglesia católica, el bautismo es el primero de los «sacramentos de la iniciación cristiana» (Catecismo 1212): «el Bautismo, que es el comienzo de la vida nueva; la Confirmación, que es su afianzamiento; y la Eucaristía, que alimenta al discípulo con el Cuerpo y la Sangre de Cristo» (Catecismo 1275). Sin la confirmación y la Eucaristía, dice el Catecismo, «el sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz, pero la iniciación cristiana queda incompleta» (Catecismo 1306). Quien no ha recibido el bautismo no puede ser admitido válidamente a los demás sacramentos (Código de Derecho Canónico, can. 842).
Enseñado por el Catecismo y disciplinaCatecismo 1212, Catecismo 1275, Catecismo 1306, Código de Derecho Canónico, can. 842
Por qué
La Iglesia católica funda su enseñanza sobre el bautismo en las palabras de Jesús a Nicodemo, «el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios» (Juan 3:5), que Trento manda no reducir a «algun sentido metafórico» (ses. VII, Del bautismo, can. 2), y en el mandato de bautizar a todas las naciones (Mateo 28:19). Lee la predicación apostólica, «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros […] para perdón de los pecados» (Hechos 2:38), como la promesa de un bautismo que hace lo que significa (Catecismo 1223; Catecismo 1226; Catecismo 1257).
El Catecismo cita a san Gregorio Nacianceno:
El Bautismo «es el más bello y magnífico de los dones de Dios […] lo llamamos don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo más precioso que hay. Don, porque es conferido a los que no aportan nada; gracia, porque es dado incluso a culpables; bautismo, porque el pecado es sepultado en el agua».
El Catecismo cita a san Agustín:
«Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum» («Se une la palabra a la materia, y se hace el sacramento»).
Para la Iglesia católica, el bautismo hace lo que significa, y lo hace también en los niños: por él, enseña Trento, aun los párvulos «recibén con toda verdad el Bautismo en remision de sus pecados, para que purifique la regeneracion en ellos lo que contraxeron por la generacion» (ses. V, can. 4).
Estos textos no se asignan a ninguna tradición de hoy: están en Lo que escribieron los primeros cristianos, que es una sección neutral.
La Escritura que usa
Los pasajes que los documentos católicos citan sobre el bautismo, y cómo los leen.
«El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.» Para la Iglesia, Jesús habla del agua del bautismo, y no en sentido metafórico (Trento, ses. VII, Del bautismo, can. 2); por eso el bautismo es necesario para la salvación (Catecismo 1257).
«Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.» Para el Catecismo, es el mandato del Señor (Catecismo 1257); y por Marcos 16:16, «El que creyere y fuere bautizado, será salvo», llama al bautismo «el sacramento de la fe» (Catecismo 1253).
«Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.» Para el Catecismo, son los dos efectos del bautismo: el perdón de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu (Catecismo 1262).
«Somos bautizados en su muerte… somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo»: para el Catecismo, la inmersión simboliza esa sepultura y esa resurrección (Catecismo 1214), y por el bautismo el creyente «es sepultado y resucita con Él» (Catecismo 1227).
Objeciones
Objeciones a la postura católica. Abre cada una para leer en profundidad la respuesta católica.
El bautismo es «signo y sello» del pacto de gracia, de la incorporación a Cristo, de la regeneración y del perdón de los pecados (Confesión de Westminster XXVIII.1). Despreciarlo o descuidarlo es un grave pecado, pero la gracia y la salvación no están tan unidas a él que nadie pueda ser regenerado o salvado sin bautismo, ni todos los bautizados quedan por eso regenerados: Simón el mago fue bautizado y seguía «en hiel de amargura» (Hechos 8:13, 23). La eficacia del bautismo no está atada al momento en que se administra; el Espíritu da la gracia prometida a quienes pertenece, según el consejo de Dios y en el tiempo que él dispone.
«Los sacramentos no dan la gracia por el solo rito realizado: sin la fe no aprovechan»
Los sacramentos son signos y testimonios de la voluntad de Dios hacia nosotros, dados para despertar y confirmar la fe de quienes los usan: aprovechan cuando la fe cree la promesa que en ellos se ofrece. Enseñar que confieren la gracia «ex opere operato», por el solo hecho de realizarse, a quien no pone obstáculo, aunque no haya en él un buen movimiento del corazón, es creer que el hombre se justifica por una ceremonia, sin fe; Abraham no fue justificado por la circuncisión, que le fue dada como señal (Romanos 4:9–11). Los reformados añaden que la gracia no la confiere ningún poder que esté en los sacramentos, sino solo la obra del Espíritu.
El bautismo no es algo pasado que se pierde al pecar: su poder y su significado abarcan toda la vida, y el arrepentimiento no es otra cosa que volver al bautismo y practicar de nuevo lo que en él se empezó. Por eso no es correcto llamar a la penitencia «segunda tabla» para nadar después del naufragio, como si el bautismo ya no sirviera: el barco no se rompe, porque es obra de Dios; somos nosotros los que caemos de él, y quien cae debe volver a él.
«Lo que queda en el bautizado es verdadero pecado»
El bautismo quita la culpa del pecado original, pero la concupiscencia que queda en el bautizado es verdadero pecado, aunque Dios lo perdone y no lo impute: Pablo la llama «pecado» (Romanos 7:7, 17, 20, 23). Por eso la corrupción de la naturaleza permanece aun en los regenerados, y ella y todos sus movimientos son, dicen los reformados, «verdadera y propiamente pecado».
«Solo un ministro de la Palabra legítimamente ordenado puede bautizar»
Ni el bautismo ni la Cena del Señor pueden ser administrados sino por un ministro de la Palabra legítimamente ordenado, porque Cristo dio el mandato de bautizar a quienes envió a enseñar (Mateo 28:19) y nadie toma para sí este honor si no es llamado por Dios (Hebreos 5:4). Y la eficacia del sacramento no depende de la piedad ni de la intención de quien lo administra, sino de la obra del Espíritu y de la palabra de la institución.
«Rociar o derramar agua no es el bautismo apostólico: el bautismo es por tres inmersiones»
La Iglesia de los siete concilios ecuménicos bautizaba con tres inmersiones en el agua, y así se practicó también en Occidente durante siglos, como muestran las antiguas pilas bautismales; la aspersión o la infusión, introducidas «a escondidas», son una innovación de la Iglesia papal. Lo esencial del bautismo es la triple inmersión con la invocación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, figura de la sepultura y la resurrección de tres días.
«Solo es bautismo el de la Iglesia ortodoxa: el de los herejes no santifica ni perdona los pecados»
Hay una sola Iglesia, santa, católica y apostólica, y solo sus misterios, y por tanto su bautismo, se aceptan. Los ritos no administrados como el Espíritu Santo mandó a los Apóstoles son ajenos a la tradición apostólica: los bautismos de los herejes son «aguas inútiles», que no santifican ni lavan los pecados. Por eso a quienes vienen de ellos se los recibe como no bautizados y se los bautiza.
Cómo se vive
Para la Iglesia católica, el bautismo es la puerta de la vida cristiana, y su ley pide a los padres que hagan bautizar a sus hijos «en las primeras semanas» (Código de Derecho Canónico, can. 867). El adulto que pide el bautismo recorre antes un catecumenado y recibe en una sola celebración el bautismo, la confirmación y la Eucaristía (Catecismo 1233).
La Iglesia celebra el bautismo con signos que, según el Catecismo, muestran lo que el sacramento realiza: la señal de la cruz, la Palabra de Dios, la renuncia a Satanás y la profesión de fe, el agua bendecida, la triple inmersión o la infusión con la invocación de la Trinidad, la unción con el crisma, la vestidura blanca y el cirio encendido en el cirio pascual (Catecismo 1234–1245). En caso de necesidad, cualquier persona puede bautizar (can. 861).
Bautismo de los niños
Los padres «tienen obligación de hacer que los hijos sean bautizados en las primeras semanas»; si el niño está en peligro de muerte, «debe ser bautizado sin demora». Para bautizarlo lícitamente se pide el consentimiento de al menos uno de los padres y la «esperanza fundada» de que será educado en la fe católica; si falta por completo, se difiere y se explica a los padres por qué (Código de Derecho Canónico, cann. 867, 868 §1; Catecismo 1250–1251).
Padres y padrinos
Antes del bautismo, padres y padrinos han de ser «convenientemente ilustrados sobre el significado de este sacramento». El padrino ayuda al bautizado a llevar «una vida cristiana congruente con el bautismo»; uno o una, o uno y una; ha de tener dieciséis años (salvo otra norma del obispo), ser católico, confirmado y haber recibido la Eucaristía, y no ser el padre o la madre. Un bautizado de otra comunidad cristiana solo puede ser testigo, junto a un padrino católico (cann. 851 2°, 872–874; Catecismo 1255).
Adultos: el catecumenado
El adulto es admitido al catecumenado y llevado «por pasos sucesivos» a la iniciación; debe manifestar su deseo, estar instruido y «probado en la vida cristiana». Los catecúmenos «están ya unidos a la Iglesia». Bautizado, debe ser confirmado inmediatamente y recibir la comunión en la misma celebración (cann. 851 1°, 865 §1, 866; Catecismo 1232–1233, 1247–1249; Sacrosanctum Concilium 64).
El rito y sus signos
La señal de la cruz; la Palabra; uno o varios exorcismos y la unción con el óleo de los catecúmenos; la renuncia a Satanás y la profesión de fe; la bendición del agua con una oración de epíclesis; el bautismo; la unción con el santo crisma; la vestidura blanca y el cirio; el Padre Nuestro; la bendición final (Catecismo 1234–1245).
Inmersión o infusión, y la fórmula
«El bautismo se ha de administrar por inmersión o por infusión […]»; en la Iglesia latina, con las palabras «N., yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo»; en Oriente, «El siervo de Dios, N., es bautizado…». La fórmula no se cambia: el Dicasterio para la Doctrina de la Fe recordó en 2024 que bautismos celebrados con «nosotros te bautizamos» u otras fórmulas fueron nulos y hubo que repetirlos (cann. 854, 846 §1; Catecismo 1239–1240; Gestis verbisque (2024)).
En caso de necesidad
Si falta el ministro ordinario, bautiza un catequista designado y, en caso de necesidad, «cualquier persona que tenga la debida intención»; basta derramar agua sobre la cabeza y decir «Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Los párrocos han de procurar que los fieles «sepan bautizar debidamente» (can. 861 §2; Catecismo 1256; Catecismo 1284).
Una sola vez
El bautismo «no puede reiterarse». Si hay duda razonable de que alguien fue bautizado válidamente, se bautiza «bajo condición»; a quienes fueron bautizados en otra comunidad cristiana no se los bautiza de nuevo, salvo «un motivo serio para dudar» de la materia, la fórmula o la intención (cann. 845, 869; Catecismo 1272).
Cuándo y dónde
Puede celebrarse cualquier día, pero de ordinario conviene el domingo o, si es posible, la Vigilia Pascual; fuera del caso de necesidad, el lugar propio es «una iglesia u oratorio», y como norma general la iglesia parroquial, que ha de tener pila bautismal; no en casas particulares ni hospitales salvo necesidad o permiso (cann. 856–860).
Nombre y registro
Padres, padrinos y párroco procuran «que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano»; el párroco anota el bautismo en el libro de bautismo, con ministro, padres, padrinos, lugar y día (cann. 855, 877).
Renovar las promesas
«En todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo. Por eso, la Iglesia celebra cada año en la vigilia pascual la renovación de las promesas del Bautismo.» El bautizado tiene deberes y derechos en la Iglesia: recibir los sacramentos y la palabra de Dios, y confesar la fe (Catecismo 1254; Catecismo 1269–1270).
Confirmación y primera comunión
En los ritos orientales, el niño recibe juntos bautismo, confirmación (crismación) y Eucaristía; en el rito romano la iniciación de los niños «se continúa durante unos años de catequesis» y culmina más tarde con la confirmación y la Eucaristía; el bautizado se acerca al altar para el Padre Nuestro (Catecismo 1233; Catecismo 1244; Código de Derecho Canónico, can. 842 §2).
Niños que mueren sin bautismo
La Iglesia los confía «a la misericordia divina», también en el rito de exequias por ellos, y la liturgia invita «a orar por su salvación». La misericordia de Dios y la ternura de Jesús con los niños «nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo»; por eso, dice el Catecismo, es «más apremiante aún» no impedir que los niños vengan a Cristo por el bautismo (Catecismo 1261; Catecismo 1283).