Objeción a la postura católica
Si Cristo se ofreció «una vez para siempre», la Misa no puede ser un sacrificio
La objeción
Hebreos dice que Cristo no se ofreció «muchas veces» sino una vez, que «con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados» y que «donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado» (Hebreos 9:25–26; Hebreos 10:14, 18). La muerte de Cristo es el único sacrificio propiciatorio; la Cena puede ser un sacrificio de alabanza y acción de gracias de los ya reconciliados, pero no uno que reconcilie con Dios. Si la Misa es un sacrificio propiciatorio que se ofrece cada día por vivos y difuntos, o repite la cruz o le añade algo que la cruz no hizo.
En sus propias palabras
En este sacramento, Cristo no está ofrecido á su Padre, ni se hace ningun sacrificio verdadero para remision de pecados ni de los vivos y ni de los muertos, sino solamente un recuerdo de aquella vez cuando se ofreció á sí mismo, por sí mismo en la Cruz, una oblacion espiritual de todo loor posible á Dios, alabándole por el sacrificio de su Hijo que fué una sola vez para siempre; de manera que el sacrificio papal de la misa (como lo llaman) es abominable á los ojos de Dios y un ultraje al solo y único sacrificio de Cristo, la única propiciacion para todos los elegidos.
Confesión de Westminster 29.21647 nosotros no abolimos la misa, sino que la conservamos y la defendemos con reverencia. Pues entre nosotros se celebran misas todos los domingos y en las demás fiestas
Apología de la Confesión de Augsburgo XXIV.1, 19, 221531 Acerca de estas opiniones, los nuestros advirtieron que se apartan de las Sagradas Escrituras y ofenden la gloria de la pasión de Cristo. Porque la pasión de Cristo fue oblación y satisfacción no solo por la culpa original, sino también por todos los demás pecados, como está escrito en Hebreos 10:10: "Somos santificados por la oblación de Jesucristo, hecha una vez". Y en 10:14: "Con una sola oblación hizo perfectos para siempre a los santificados".
Confesión de Augsburgo XXIV.21–271530 Que la misa en el papado tiene que ser la mayor y más horrible abominación, porque choca directa y violentamente con este artículo principal… Pues se ha sostenido que este sacrificio u obra de la misa… libra a los hombres de los pecados, tanto en esta vida como en el purgatorio, cuando solo el Cordero de Dios debe y tiene que hacerlo.
Artículos de Esmalcalda II.2.11537
La respuesta católica
Para la Iglesia católica, el sacrificio de la cruz fue uno y para siempre. El Concilio de Trento abre su doctrina sobre la Misa diciendo que Cristo «se había de ofrecer á sí mismo á Dios Padre, una vez, por medio de la muerte en el ara de la cruz, para obrar desde ella la redencion eterna» (Trento, ses. XXII, cap. 1). El Catecismo dice: «el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual» (Catecismo 1364), que remite a (Hebreos 7:25–27).
Para la Iglesia católica, la Misa no es un segundo sacrificio. Trento enseña: «la hostia es una misma, uno el mismo que ahora ofrece por el ministerio de los sacerdotes, que el que entonces se ofreció á sí mismo en la cruz, con sola la diferencia del modo de ofrecerse» (ses. XXII, cap. 2). El Catecismo lo resume: «El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio» (Catecismo 1367). Juan Pablo II escribe: «La Misa hace presente el sacrificio de la Cruz, no se le añade y no lo multiplica. Lo que se repite es su celebración memorial, la «manifestación memorial» (memorialis demonstratio), por la cual el único y definitivo sacrificio redentor de Cristo se actualiza siempre en el tiempo» (Ecclesia de Eucharistia 12).
Para la Iglesia católica, ese único sacrificio se hace presente porque el sacerdocio de Cristo no terminó en la cruz. Trento enseña que ese sacerdocio «no habia de acabarse con su muerte», y que en la última Cena Cristo dejó a la Iglesia «un sacrificio visible, segun requiere la condicion de los hombres, en el que se representase el sacrificio cruento que por una vez se habia de hacer en la cruz, y permaneciese su memoria hasta el fin del mundo, y se aplicase su saludable virtud á la remision de los pecados que cotidianamente cometemos» (ses. XXII, cap. 1; Hebreos 7:24). El Catecismo explica cómo un acontecimiento único puede estar presente sin repetirse: «todos los demás acontecimientos suceden una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado. El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte destruyó a la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente» (Catecismo 1085). Y dice en qué sentido la Eucaristía es sacrificio: «porque representa (= hace presente) el sacrificio de la cruz, porque es su memorial y aplica su fruto» (Catecismo 1366).
Para la Iglesia católica, la Misa es sacrificio en sentido propio, y también de alabanza. Juan Pablo II: «la Eucaristía es sacrificio en sentido propio y no sólo en sentido genérico, como si se tratara del mero ofrecimiento de Cristo a los fieles como alimento espiritual» (Ecclesia de Eucharistia 13). El Catecismo la llama a la vez «sacrificio de acción de gracias al Padre» y «sacrificio de alabanza» (Catecismo 1360–1361), y enseña que en ella «el sacrificio de Cristo se hace también el sacrificio de los miembros de su Cuerpo» (Catecismo 1368).
Para la Iglesia católica, la Misa es propiciatoria porque en ella está el mismo Cristo de la cruz. Trento enseña: «por quanto en este divino sacrificio que se hace en la Misa, se contiene, y sacrifica incruentamente aquel mismo Cristo que se ofreció por una vez cruentamente en el ara de la cruz; enseña el santo Concilio, que este sacrificio es con toda verdad propiciatorio» (ses. XXII, cap. 2; citado en Catecismo 1367). Sus frutos son los de la cruz: «Los frutos por cierto de aquella oblacion cruenta, se logran abundantisimamente por esta incruenta: tan lejos está que esta derogue de modo alguno á aquella» (cap. 2). Y se reciben «si nos acercamos al Señor contritos y penitentes, si con sincero corazon, y recta fe, si con temor y reverencia» (cap. 2).
Si alguno dixere, que se comete blasfemia contra el santisimo sacrificio que Cristo consumó en la cruz, por el sacrificio de la Misa; ó que por este se deroga á aquel; sea excomulgado.
Fuentes citadas
En la respuesta
Concilio de Trentosesión XXII, caps. 1–2, can. 4
17 sep 1562
Juan Pablo IIEcclesia de Eucharistia 12–13
17 abr 2003
Catecismo de la Iglesia Católica1085, 1360, 1361, 1364, 1366, 1367, 1368
1992/1997
En la objeción
Confesión de Westminster29.2
1647
Apología de la Confesión de AugsburgoXXIV.1, 19, 22
1531
Confesión de AugsburgoXXIV.21–27
25 jun 1530
Artículos de EsmalcaldaII.2.1
1537
Pasajes
En la respuesta
Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable:
Por lo cual puede también salvar eternamente á los que por él se allegan á Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal pontífice nos convenía: santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; Que no tiene necesidad cada día, como los [otros] sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto [lo] hizo una sola vez, ofreciéndose á sí mismo.
En la objeción
Y los otros cierto fueron muchos sacerdotes, en cuanto por la muerte no podían permanecer. Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable:
Que no tiene necesidad cada día, como los [otros] sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto [lo] hizo una sola vez, ofreciéndose á sí mismo.
Y casi todo es purificado según la ley con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.
Y no para ofrecerse muchas veces á sí mismo, como entra el pontífice en el santuario cada año con sangre ajena; De otra manera fuera necesario que hubiera padecido muchas veces desde el principio del mundo: mas ahora una vez en la consumación de los siglos, para deshacimiento del pecado se presentó por el sacrificio de sí mismo.
Así también Cristo fué ofrecido una vez para agotar los pecados de muchos; y la segunda vez, sin pecado, será visto de los que le esperan para salud.
Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
En la cual voluntad somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo [hecha] una sola vez.
Así que, todo sacerdote se presenta cada día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados: Pero éste, habiendo ofrecido por los pecados un [solo] sacrificio para siempre, está sentado á la diestra de Dios,
Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados.
Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado.
Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece á mi nombre perfume, y presente limpio: porque grande es mi nombre entre las gentes, dice Jehová de los ejércitos.
Videos
Creadores católicos que responden a esta objeción. Los videos se abren en YouTube.
Does the Mass Put Jesus Back on the Cross?
Shameless Popery, en inglés
Do Catholics Re-Crucify Jesus During Mass?
Catholic Answers Live, en inglés
La Santa Misa: El Único Sacrificio de Cristo (Sacramento de la Eucaristía)
La Fe de la Iglesia, en español
Otras objeciones
Misas privadas y misas por los difuntos: la Cena convertida en una obra que vale por sí sola
Cristo instituyó la Cena para que la comunidad comulgue y los creyentes reciban con fe el perdón. Misas sin comulgantes, multiplicadas y aplicadas a cambio de dinero por vivos y difuntos, hacen de ella una obra que valdría por el solo hecho de celebrarse, sin la fe de quien la recibe. Y la Cena se instituyó para los vivos: aplicarla por los difuntos no tiene testimonio ni mandato en la Escritura.
Pablo lo sigue llamando «pan»: lo consagrado sigue siendo pan
Después de la consagración Pablo lo sigue llamando «pan» (1 Corintios 10:16; 1 Corintios 11:26–28): el pan sigue siendo pan en su sustancia, y enseñar que su sustancia desaparece no concuerda con la Escritura. Los reformados añaden que el cuerpo de Cristo está en el cielo (Hechos 3:21) y que la transubstanciación va «aun contra el sentido y razon comunes» y «destruye la naturaleza del sacramento» (Confesión de Westminster 29.6).
Cristo dijo «Tomad, comed»: guardar, exponer y adorar la hostia va más allá de lo que mandó
Cristo dio el pan para que se tome y se coma («Tomad, comed», Mateo 26:26). Guardarlo, exponerlo y llevarlo en procesión para adorarlo es usar el sacramento para algo que Cristo no mandó, y dirigir la adoración a lo que, a la vista, son pan y vino. Para los reformados, adorar los elementos es idolatría (Westminster 29.4, 29.6).
Cristo dijo «Bebed de ella todos»: negar el cáliz a los laicos cambia lo que él instituyó
De la copa Jesús dijo «Bebed de él todos» (Mateo 26:27), y la Iglesia antigua dio las dos especies a todos durante siglos. Dar a los laicos solo el pan cambia la institución de Cristo y los priva de algo que él mandó.
Los dones se consagran por la invocación del Espíritu Santo, no solo por las palabras de Cristo
En las liturgias antiguas, de Oriente y también de Roma y las Galias, los dones se consagran con la oración que invoca al Espíritu Santo, la epíclesis. Atribuir la consagración solo a las palabras «Esto es mi cuerpo» fue una innovación posterior de la Iglesia latina.
Durante mil años se consagró con pan fermentado: el ázimo es una innovación latina
Durante más de mil años, en Oriente y en Occidente, la Iglesia celebró la Eucaristía con pan fermentado, a ejemplo del Salvador. El pan ázimo de la Iglesia latina es una innovación del siglo XI.


