La posición católica
Cómo la Iglesia católica entiende la Eucaristía, con sus propias fuentes.
Qué enseña
Lo que la Iglesia católica enseña sobre la Eucaristía, con el grado de autoridad que le corresponde según las categorías de la Iglesia.
Para la Iglesia católica, la Eucaristía es el sacrificio del cuerpo y la sangre de Cristo, instituido en la última Cena para hacer presente el sacrificio de la cruz hasta que él vuelva, y a la vez el banquete en el que se recibe a Cristo mismo. (Sacrosanctum Concilium 47; Catecismo 1323; Catecismo 1382)
En la Eucaristía, después de la consagración, está contenido verdadera, real y sustancialmente Cristo entero: su cuerpo y su sangre, con su alma y su divinidad. No está solo como en un signo o una figura. La Iglesia la llama presencia «real» por excelencia, no porque las otras presencias de Cristo (en su Palabra, en la oración de la Iglesia, en los sacramentos) no sean reales.
DogmaTrento, ses. XIII, cap. 1, Trento, ses. XIII, can. 1, Catecismo 1373–1374, Sacrosanctum Concilium 7
Por la consagración, toda la sustancia del pan se convierte en la sustancia del cuerpo de Cristo y toda la sustancia del vino en la de su sangre; del pan y del vino quedan solo las especies (lo que se ve, se toca y se gusta). La Iglesia llama a este cambio «transubstanciación».
DogmaTrento, ses. XIII, cap. 4, Trento, ses. XIII, can. 2, Letrán IV, const. 1, Mysterium fidei 10, 24, 46, Catecismo 1376
La Misa es un sacrificio verdadero y propio: sacrificio de acción de gracias y de alabanza al Padre, y memorial de la Pascua de Cristo. No es otro sacrificio distinto del de la cruz: la víctima y el que ofrece son los mismos, Cristo, y solo cambia el modo de ofrecerse, que ahora es incruento. Por eso la Iglesia enseña que es también propiciatorio y que puede ofrecerse por vivos y difuntos.
DogmaTrento, ses. XXII, cap. 1, Trento, ses. XXII, cap. 2, Trento, ses. XXII, cann. 1, 3 y 4, Catecismo 1360–1362, Catecismo 1366–1367, Ecclesia de Eucharistia 12
Bajo la especie del pan y bajo la del vino está Cristo entero, y también en cada parte de cada una: partir la hostia no divide a Cristo. Por eso quien comulga solo con el pan recibe a Cristo entero.
DogmaTrento, ses. XIII, cap. 3, Trento, ses. XXI, cap. 3 y can. 3, Catecismo 1377
Como Cristo mismo está presente, a la Eucaristía se le da el culto de adoración que se debe solo a Dios. Por eso se la guarda en el sagrario, se la lleva a los enfermos, se la expone para la adoración y se la lleva en procesión.
DogmaTrento, ses. XIII, cap. 5, Trento, ses. XIII, can. 6, Trento, ses. XIII, cap. 6, Catecismo 1378
Para la Iglesia católica, con las palabras «haced esto en memoria de mí» (Lucas 22:19), Cristo hizo sacerdotes a los apóstoles y les mandó ofrecer su cuerpo y su sangre. Por eso solo un sacerdote válidamente ordenado, obispo o presbítero, puede consagrar la Eucaristía.
DogmaTrento, ses. XXII, can. 2, Letrán IV, const. 1, Código de Derecho Canónico, can. 900, Catecismo 1411
Ningún mandato divino obliga a los fieles a comulgar con las dos especies, porque bajo cualquiera de ellas se recibe a Cristo entero. Comulgar solo con el pan es una ley de la Iglesia, que ella puede cambiar; hoy, en el rito latino, se permite también la comunión bajo las dos especies; en los ritos orientales católicos es la forma habitual (Catecismo 1390).
Dogma y disciplinaTrento, ses. XXI, can. 1, Trento, ses. XXI, cap. 2, Sacrosanctum Concilium 55, Código de Derecho Canónico, can. 925, Catecismo 1390
Comulgar une más a Cristo, perdona los pecados veniales y preserva de los graves. No está ordenada a perdonar los pecados mortales: para eso está la confesión. Quien tiene conciencia de pecado grave debe confesarse antes de comulgar, salvo que haya un motivo grave y no pueda confesarse; en ese caso debe hacer un acto de contrición perfecta, con el propósito de confesarse cuanto antes.
Dogma y disciplinaTrento, ses. XIII, cap. 2, Trento, ses. XIII, can. 5, Trento, ses. XIII, cap. 7 y can. 11, Catecismo 1457, Catecismo 1395, 1416
Para la Iglesia católica, la Eucaristía es «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» y «hace la Iglesia»: quienes la reciben se unen más a Cristo y, por eso, Cristo los une entre sí en un solo cuerpo (Catecismo 1396). Por la misma razón enseña que celebrarla «no puede ser el punto de partida de la comunión, que la presupone previamente» (Ecclesia de Eucharistia 35). Reconoce en las Iglesias ortodoxas verdaderos sacramentos, y sobre todo el sacerdocio y la Eucaristía; con las comunidades nacidas de la Reforma no admite la intercomunión. Distingue de la intercomunión el caso de una necesidad espiritual grave, en el que puede darse la comunión a otros cristianos que comparten la fe católica sobre este sacramento (Catecismo 1401; Ecclesia de Eucharistia 45).
Magisterio auténtico y disciplinaLumen gentium 11, Catecismo 1396, Ecclesia de Eucharistia 35, 38, Catecismo 1399–1400, Catecismo 1401; Ecclesia de Eucharistia 45, Código de Derecho Canónico, can. 844
Por qué
La Iglesia católica funda esta enseñanza, ante todo, en las palabras de Cristo en la última Cena, tomadas en su sentido propio: «Esto es mi cuerpo» (Trento, ses. XIII, caps. 1 y 4).
Las lee junto con el discurso del pan de vida (Juan 6) y con las palabras «que por vosotros es dado» y «derramada por muchos», que muestran un sacrificio (Lucas 22:19; Mateo 26:28; Ecclesia de Eucharistia 16; Catecismo 1336; Catecismo 1365; Ecclesia de Eucharistia 12; Trento, ses. XXII, cap. 1).
Y sostiene que la Iglesia siempre lo creyó así (Trento, ses. XIII, cap. 4).
El Catecismo cita a san Juan Crisóstomo:
No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino Cristo mismo que fue crucificado por nosotros. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia estas palabras, pero su eficacia y su gracia provienen de Dios. Esto es mi Cuerpo, dice. Esta palabra transforma las cosas ofrecidas.
El Catecismo cita a san Ambrosio:
Estemos bien persuadidos de que esto no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha consagrado, y de que la fuerza de la bendición supera a la de la naturaleza, porque por la bendición la naturaleza misma resulta cambiada.
La palabra de Cristo, que pudo hacer de la nada lo que no existía, ¿no podría cambiar las cosas existentes en lo que no eran todavía?
Para la Iglesia católica, Juan 6 no admite una lectura metafórica: ante el asombro de los oyentes, Jesús se ve obligado, dice Juan Pablo II, «a recalcar la verdad objetiva de sus palabras»: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida» (Juan 6:55). Y concluye: «No se trata de un alimento metafórico» (Ecclesia de Eucharistia 16).
Estos textos no se asignan a ninguna tradición de hoy: están en Lo que escribieron los primeros cristianos, que es una sección neutral.
La Escritura que usa
Los pasajes que los documentos católicos citan sobre la Eucaristía, y cómo los leen.
Para la Iglesia católica, «esto es mi cuerpo… esto es mi sangre» (Mateo 26:26, 28) se lee en su sentido propio: Cristo dio a los apóstoles su propio cuerpo y su propia sangre (Trento, ses. XIII, cap. 1). «Que por vosotros es dado» (Lucas 22:19) y «derramada por muchos para remisión de los pecados» (Mateo 26:28) muestran que es un sacrificio (Catecismo 1365).
Para la Iglesia católica, con estas palabras Cristo hizo sacerdotes a los apóstoles y les mandó ofrecer su cuerpo y su sangre (Trento, ses. XXII, can. 2). El memorial no es solo recordar: es la celebración litúrgica que hace presente lo que recuerda (Catecismo 1341, 1363).
Para la Iglesia católica, el discurso del pan de vida prepara la institución de la Eucaristía (Catecismo 1338). Ante el asombro de los oyentes, Jesús «recalca la verdad objetiva de sus palabras»: «mi carne es verdadera comida» (Juan 6:55); por eso, según (Ecclesia de Eucharistia 16), no es «un alimento metafórico». Trento, por su parte, usa Juan 6 «segun las varias interpretaciones de los santos Padres y doctores» (ses. XXI, cap. 1).
«La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo?» (1 Corintios 10:16). Para la Iglesia católica, la Eucaristía une a Cristo y, por eso, une entre sí a los que comulgan en un solo cuerpo, la Iglesia (Catecismo 1396).
Objeciones
Objeciones a la postura católica. Abre cada una para leer en profundidad la respuesta católica.
Si Cristo se ofreció «una vez para siempre», la Misa no puede ser un sacrificio
Hebreos dice que Cristo no se ofreció «muchas veces» sino una vez, que «con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados» y que «donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado» (Hebreos 9:25–26; Hebreos 10:14, 18). La muerte de Cristo es el único sacrificio propiciatorio; la Cena puede ser un sacrificio de alabanza y acción de gracias de los ya reconciliados, pero no uno que reconcilie con Dios. Si la Misa es un sacrificio propiciatorio que se ofrece cada día por vivos y difuntos, o repite la cruz o le añade algo que la cruz no hizo.
Misas privadas y misas por los difuntos: la Cena convertida en una obra que vale por sí sola
Cristo instituyó la Cena para que la comunidad comulgue y los creyentes reciban con fe el perdón. Misas sin comulgantes, multiplicadas y aplicadas a cambio de dinero por vivos y difuntos, hacen de ella una obra que valdría por el solo hecho de celebrarse, sin la fe de quien la recibe. Y la Cena se instituyó para los vivos: aplicarla por los difuntos no tiene testimonio ni mandato en la Escritura.
Pablo lo sigue llamando «pan»: lo consagrado sigue siendo pan
Después de la consagración Pablo lo sigue llamando «pan» (1 Corintios 10:16; 1 Corintios 11:26–28): el pan sigue siendo pan en su sustancia, y enseñar que su sustancia desaparece no concuerda con la Escritura. Los reformados añaden que el cuerpo de Cristo está en el cielo (Hechos 3:21) y que la transubstanciación va «aun contra el sentido y razon comunes» y «destruye la naturaleza del sacramento» (Confesión de Westminster 29.6).
Cristo dijo «Tomad, comed»: guardar, exponer y adorar la hostia va más allá de lo que mandó
Cristo dio el pan para que se tome y se coma («Tomad, comed», Mateo 26:26). Guardarlo, exponerlo y llevarlo en procesión para adorarlo es usar el sacramento para algo que Cristo no mandó, y dirigir la adoración a lo que, a la vista, son pan y vino. Para los reformados, adorar los elementos es idolatría (Westminster 29.4, 29.6).
Cristo dijo «Bebed de ella todos»: negar el cáliz a los laicos cambia lo que él instituyó
De la copa Jesús dijo «Bebed de él todos» (Mateo 26:27), y la Iglesia antigua dio las dos especies a todos durante siglos. Dar a los laicos solo el pan cambia la institución de Cristo y los priva de algo que él mandó.
Los dones se consagran por la invocación del Espíritu Santo, no solo por las palabras de Cristo
En las liturgias antiguas, de Oriente y también de Roma y las Galias, los dones se consagran con la oración que invoca al Espíritu Santo, la epíclesis. Atribuir la consagración solo a las palabras «Esto es mi cuerpo» fue una innovación posterior de la Iglesia latina.
Durante mil años se consagró con pan fermentado: el ázimo es una innovación latina
Durante más de mil años, en Oriente y en Occidente, la Iglesia celebró la Eucaristía con pan fermentado, a ejemplo del Salvador. El pan ázimo de la Iglesia latina es una innovación del siglo XI.
Cómo se vive
La Eucaristía se celebra en la Misa. Los católicos tienen la obligación de participar en ella los domingos y las demás fiestas de precepto, y deben comulgar al menos una vez al año, en tiempo pascual (Código de Derecho Canónico, cann. 1247 y 920). Pero la Iglesia no se queda en ese mínimo: «recomienda vivamente a los fieles recibir la santa Eucaristía los domingos y los días de fiesta, o con más frecuencia aún, incluso todos los días» (Catecismo 1389).
Solo un sacerdote válidamente ordenado preside y consagra (can. 900). La Iglesia pide comulgar en gracia de Dios: quien tiene conciencia de pecado grave se confiesa antes (can. 916). Como, para la Iglesia, Cristo sigue presente mientras duran las especies, las hostias consagradas se guardan en el sagrario, desde donde se llevan a los enfermos y ante el que se reza y se adora (cann. 938–941; Catecismo 1378–1379).
La Misa: Palabra y Eucaristía
La celebración tiene «dos grandes momentos que forman una unidad básica»: la liturgia de la Palabra, «con las lecturas, la homilía y la oración universal», y la liturgia eucarística, «con la presentación del pan y del vino, la acción de gracias consecratoria y la comunión»; juntas constituyen «un solo acto de culto» (Catecismo 1346).
Misa del domingo
«El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la Misa» (Código de Derecho Canónico, can. 1247).
Comunión frecuente; mínimo anual
La Iglesia recomienda comulgar cada vez que se participa en la Misa, incluso a diario; obliga a hacerlo «por lo menos una vez al año», «durante el tiempo pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año» (Catecismo 1388–1389, 1417; can. 920; Trento, ses. XIII, can. 9).
En gracia de Dios
«Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse», y en ese caso debe hacer un acto de contrición perfecta con propósito de confesarse cuanto antes (can. 916; Catecismo 1385, 1415; Trento, ses. XIII, cap. 7).
Ayuno eucarístico
Abstenerse de comida y bebida «al menos desde una hora antes de la sagrada comunión, a excepción sólo del agua y de las medicinas»; los mayores, los enfermos y quienes los cuidan quedan exentos (can. 919; Catecismo 1387).
Primera comunión
Los niños que han llegado al uso de razón, con preparación y «previa confesión sacramental»; deben poder recibir el Cuerpo del Señor «con fe y devoción» (cann. 913–914).
Quién preside
«Sólo el sacerdote válidamente ordenado es ministro capaz de confeccionar el sacramento de la Eucaristía, actuando en la persona de Cristo.» Cristo mismo «es quien preside invisiblemente toda celebración eucarística»; el obispo o el presbítero preside «actuando in persona Christi capitis» (can. 900; Catecismo 1348).
Pan y vino
Pan «exclusivamente de trigo y hecho recientemente»; vino «natural, del fruto de la vid», con «un poco de agua»; en la Iglesia latina, pan ázimo «según la antigua tradición de la Iglesia latina» (cann. 924 y 926; Trento, ses. XXII, cap. 7; Concilio de Florencia, Exsultate Deo).
Una o dos especies
Se comulga con el pan solo o, según las leyes litúrgicas, con las dos especies; bajo cualquiera se recibe a Cristo entero (can. 925; Catecismo 1390; Trento, ses. XXI, cap. 3).
Quién puede comulgar
En principio, los católicos; con condiciones, los fieles de las Iglesias orientales que lo piden espontáneamente y están bien dispuestos; otros cristianos solo en peligro de muerte u otra necesidad grave, si «profesen la fe católica respecto a esos sacramentos» (can. 844; Catecismo 1399–1401).
El sagrario
La Eucaristía se reserva «en un solo sagrario», en un lugar «verdaderamente noble», ante el que «ha de lucir constantemente una lámpara especial, con la que se indique y honre la presencia de Cristo» (cann. 938 y 940; Catecismo 1379).
Adoración y procesiones
Exposición del Santísimo (no durante la Misa) y, donde el obispo lo juzgue posible, procesión por las calles «sobre todo en la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo» (cann. 941 y 944; Catecismo 1378; Mysterium fidei 56).
Viático
A quien está en peligro de muerte se le da la comunión como Viático, aunque haya comulgado ese mismo día (can. 921).
Misa por vivos y difuntos
«El sacerdote tiene facultad para aplicar la Misa por cualesquiera, tanto vivos como difuntos» (can. 901; Trento, ses. XXII, cap. 2; Catecismo 1371).
Videos
Creadores católicos explican y defienden esta postura. Los videos se abren en YouTube.
What Does John 6 Say About the Eucharist? | Dr. Brant Pitre
Catholic Productions, en inglés
Does This Verse Disprove the Eucharist?
Shameless Popery, en inglés
Does the Mass Put Jesus Back on the Cross?
Shameless Popery, en inglés
Do Catholics Re-Crucify Jesus During Mass?
Catholic Answers Live, en inglés
Is Receiving the Eucharist Cannibalism? | Karlo Broussard | Catholic Answers Live
Catholic Answers Live, en inglés




