Objeción a la postura católica
«Solo es bautismo el de la Iglesia ortodoxa: el de los herejes no santifica ni perdona los pecados»
La objeción
Hay una sola Iglesia, santa, católica y apostólica, y solo sus misterios, y por tanto su bautismo, se aceptan. Los ritos no administrados como el Espíritu Santo mandó a los Apóstoles son ajenos a la tradición apostólica: los bautismos de los herejes son «aguas inútiles», que no santifican ni lavan los pecados. Por eso a quienes vienen de ellos se los recibe como no bautizados y se los bautiza.
En sus propias palabras
Nosotros, que por la misericordia divina fuimos criados en la Iglesia ortodoxa y nos atenemos a los cánones de los sagrados Apóstoles y de los divinos Padres, reconocemos una sola Iglesia, nuestra santa, católica y apostólica Iglesia. Son sus misterios [es decir, sacramentos], y por tanto su bautismo, los que aceptamos. […] Rechazamos y aborrecemos los bautismos de los herejes. Porque discrepan del divino mandato apostólico y le son ajenos. Son aguas inútiles, como dijeron san Ambrosio y san Atanasio el Grande. No dan santificación a quienes los reciben, ni sirven en nada para lavar los pecados. A los que vienen a la fe ortodoxa, bautizados sin haber sido bautizados, los recibimos como no bautizados
Oros de Constantinopla (1755/56) (sobre el bautismo de los herejes)1755 una vez recibido, este misterio no se repite, con tal que quien administró el bautismo creyera ortodoxamente en tres Personas en un solo Dios y pronunciara con exactitud y sin alteración alguna las palabras dichas
Pedro Mogila, Confesión ortodoxa, q. 102 (sobre no repetir el bautismo)1643 lo administra solo el sacerdote o, en caso de necesidad ineludible, otro hombre, con tal que sea ortodoxo y tenga la intención propia del divino bautismo
Dositeo, Confesión (Jerusalén, 1672), decreto XVI1672
La respuesta católica
Para la Iglesia católica, es verdadero bautismo el que se da con agua y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con la intención de hacer lo que hace la Iglesia: «En caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar […] si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria» (Catecismo 1256). El Concilio de Florencia lo dijo así: «en caso de necesidad puede bautizar no solo el sacerdote o el diácono, sino también un laico o una mujer, y aun un pagano y un hereje, con tal que observe la forma de la Iglesia y tenga intención de hacer lo que hace la Iglesia» (decreto para los armenios, 1439); y el IV Concilio de Letrán, que el bautismo dado según la forma de la Iglesia «sea quien quiera el Ministro» da la salvación (1215). El Catecismo da la razón: «la voluntad salvífica universal de Dios (cf 1 Tm 2,4)» y «la necesidad del Bautismo para la salvación (cf Mc 16,16)» (Catecismo 1256).
Para la Iglesia católica, «Los bautizados en una comunidad eclesial no católica no deben ser bautizados bajo condición, a no ser que haya un motivo serio para dudar de la validez de su bautismo» (Código de Derecho Canónico, can. 869 §2). El Concilio Vaticano II dice de «quienes creen en Cristo y recibieron el bautismo debidamente» que, «justificados por la fe en el bautismo», «justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica» (Unitatis redintegratio 3).
El canon de Trento dice: «Si alguno dixere, que el Bautismo, aun el que confieren los hereges en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con intencion de hacer lo que hace la Iglesia, no es verdadero Bautismo; sea excomulgado» (ses. VII, Del bautismo, can. 4).
Fuentes citadas
En la respuesta
Concilio de Trentosesión VII, Del bautismo, can. 4
3 mar 1547
Concilio de FlorenciaExsultate Deo
22 nov 1439
IV Concilio de Letránconst. 1
1215
Catecismo de la Iglesia Católica1256
1992/1997
Código de Derecho Canónicocan. 869 §2
1983
Concilio Vaticano IIUnitatis redintegratio 3
21 nov 1964
En la objeción
Oros de Constantinopla (1755/56) (sobre el bautismo de los herejes)
1755/1756
Pedro Mogila, Confesión ortodoxaq. 102 (sobre no repetir el bautismo)
1643
Dositeo, Confesión (Jerusalén, 1672)decreto XVI
1672
Pasajes
En la respuesta
El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
En la objeción
Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:
Otras objeciones
El bautismo es «signo y sello» del pacto de gracia, de la incorporación a Cristo, de la regeneración y del perdón de los pecados (Confesión de Westminster XXVIII.1). Despreciarlo o descuidarlo es un grave pecado, pero la gracia y la salvación no están tan unidas a él que nadie pueda ser regenerado o salvado sin bautismo, ni todos los bautizados quedan por eso regenerados: Simón el mago fue bautizado y seguía «en hiel de amargura» (Hechos 8:13, 23). La eficacia del bautismo no está atada al momento en que se administra; el Espíritu da la gracia prometida a quienes pertenece, según el consejo de Dios y en el tiempo que él dispone.
«Los sacramentos no dan la gracia por el solo rito realizado: sin la fe no aprovechan»
Los sacramentos son signos y testimonios de la voluntad de Dios hacia nosotros, dados para despertar y confirmar la fe de quienes los usan: aprovechan cuando la fe cree la promesa que en ellos se ofrece. Enseñar que confieren la gracia «ex opere operato», por el solo hecho de realizarse, a quien no pone obstáculo, aunque no haya en él un buen movimiento del corazón, es creer que el hombre se justifica por una ceremonia, sin fe; Abraham no fue justificado por la circuncisión, que le fue dada como señal (Romanos 4:9–11). Los reformados añaden que la gracia no la confiere ningún poder que esté en los sacramentos, sino solo la obra del Espíritu.
El bautismo no es algo pasado que se pierde al pecar: su poder y su significado abarcan toda la vida, y el arrepentimiento no es otra cosa que volver al bautismo y practicar de nuevo lo que en él se empezó. Por eso no es correcto llamar a la penitencia «segunda tabla» para nadar después del naufragio, como si el bautismo ya no sirviera: el barco no se rompe, porque es obra de Dios; somos nosotros los que caemos de él, y quien cae debe volver a él.
«Lo que queda en el bautizado es verdadero pecado»
El bautismo quita la culpa del pecado original, pero la concupiscencia que queda en el bautizado es verdadero pecado, aunque Dios lo perdone y no lo impute: Pablo la llama «pecado» (Romanos 7:7, 17, 20, 23). Por eso la corrupción de la naturaleza permanece aun en los regenerados, y ella y todos sus movimientos son, dicen los reformados, «verdadera y propiamente pecado».
«Solo un ministro de la Palabra legítimamente ordenado puede bautizar»
Ni el bautismo ni la Cena del Señor pueden ser administrados sino por un ministro de la Palabra legítimamente ordenado, porque Cristo dio el mandato de bautizar a quienes envió a enseñar (Mateo 28:19) y nadie toma para sí este honor si no es llamado por Dios (Hebreos 5:4). Y la eficacia del sacramento no depende de la piedad ni de la intención de quien lo administra, sino de la obra del Espíritu y de la palabra de la institución.
«Rociar o derramar agua no es el bautismo apostólico: el bautismo es por tres inmersiones»
La Iglesia de los siete concilios ecuménicos bautizaba con tres inmersiones en el agua, y así se practicó también en Occidente durante siglos, como muestran las antiguas pilas bautismales; la aspersión o la infusión, introducidas «a escondidas», son una innovación de la Iglesia papal. Lo esencial del bautismo es la triple inmersión con la invocación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, figura de la sepultura y la resurrección de tres días.