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Objeción a la postura católica

«La gracia y la salvación no están tan unidas al bautismo que nadie pueda salvarse sin él, ni todos los bautizados quedan regenerados»

La objeción

El bautismo es «signo y sello» del pacto de gracia, de la incorporación a Cristo, de la regeneración y del perdón de los pecados (). Despreciarlo o descuidarlo es un grave pecado, pero la gracia y la salvación no están tan unidas a él que nadie pueda ser regenerado o salvado sin bautismo, ni todos los bautizados quedan por eso regenerados: Simón el mago fue bautizado y seguía «en hiel de amargura» (). La eficacia del bautismo no está atada al momento en que se administra; el Espíritu da la gracia prometida a quienes pertenece, según el consejo de Dios y en el tiempo que él dispone.

En sus propias palabras

  • Aunque el menosprecio ó descuido de esta ordenanza sea un grave pecado, sin embargo, la gracia y la salvacion, no son tan inseparablemente unidas con ella, que seria imposible ser regenerado ó salvo sin ella; y por otra parte, no resulta que todos los que sean bautizados, necesariamente son regenerados. La eficácia del bautismo no se limita al momento mismo en que se administra; sin embargo, por el propio uso de esta ordenanza, la gracia prometida no solamente se ofrece, sino realmente es en debido tiempo demostrada y dada por el Espíritu Santo, á aquellos (sean adultos ó párvulos) á quienes pertenece aquella gracia, segun el consejo de la propia voluntad de Dios.
    1647
  • El bautismo es un sacramento del Nuevo Testamento, instituido por Jesu-Cristo. no solo para admitir la persona bautizada en la iglesia visible, sino tambien para que sea para ella un signo y sello del concierto de la gracia, del hecho que es ingerida en Cristo, de su regeneracion, de la remision de sus pecados, y de su sumision á Dios por Jesu-Cristo, á fin de andar en novedad de vida. Segun el mismo mandato de Jesu-Cristo, este sacramento debe continuarse en su iglesia hasta el fin del mundo.
    1647

Suelen plantearla reformados.

La respuesta católica

Para la Iglesia católica, el bautismo es «el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra» (), y sus «dos efectos principales» son «la purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo» ().

El Catecismo dice: «El Señor mismo afirma que el Bautismo es necesario para la salvación (cf Jn 3,5)» (). Trento manda no torcer esas palabras «á algun sentido metafórico» (). El Catecismo precisa para quiénes: «El Bautismo es necesario para la salvación en aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento»; y añade: «Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, sin embargo, Él no queda sometido a sus sacramentos» (). Trento enseña que el paso a la gracia no se da «sin el Bautismo, ó sin el deseo de él» (), y el Catecismo enseña el bautismo de sangre y el de deseo, que «produce los frutos del Bautismo sin ser sacramento» (). De quien, sin conocer el Evangelio, «busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce», dice que «puede ser salvado» ().

Sobre si todos los bautizados quedan regenerados, la Iglesia enseña que los sacramentos contienen la gracia que significan y la confieren «á los que no ponen obstáculo» (), y condena a quien diga «que no siempre, ni á todos se dá gracia por estos Sacramentos, en quanto está de parte de Dios, aunque los reciban dignamente» (). Los frutos «dependen también de las disposiciones del que los recibe» (): el pecado puede impedir «al Bautismo dar frutos de salvación», aunque el sello bautismal permanece (). Y de los niños dice Trento que «recibén con toda verdad el Bautismo en remision de sus pecados» ().

El canon de Trento dice: «Si alguno dixere, que el Bautismo es arbitrario, esto es, no preciso para conseguir la salvacion; sea excomulgado» ().

Fuentes citadas

En la respuesta

  • sesión V, can. 4

    17 jun 1546

  • sesión VI, cap. 4

    13 ene 1547

  • sesión VII, De los sacramentos en general, cann. 6–7; Del bautismo, cann. 2 y 5

    3 mar 1547

  • 1128, 1213, 1257–1260, 1262, 1272

    1992/1997

En la objeción

  • XXVIII.5–6

    1647

  • XXVIII.1

    1647

  • q. 165

    1647

  • q. 161

    1647

Pasajes

En la respuesta

  • Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

En la objeción

  • El mismo Simón creyó también entonces, y bautizándose, se llegó á Felipe: y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacían, estaba atónito.

  • Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.

  • Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.

  • Y aconteció en el camino, que en una posada le salió al encuentro Jehová, y quiso matarlo. Entonces Séphora cogió un afilado pedernal, y cortó el prepucio de su hijo, y echólo á sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, á causa de la circuncisión.

Textos de prueba de Westminster XXVIII.1, 5–6 y del Catecismo Mayor 161.

Otras objeciones

  • «Los sacramentos no dan la gracia por el solo rito realizado: sin la fe no aprovechan»

    Los sacramentos son signos y testimonios de la voluntad de Dios hacia nosotros, dados para despertar y confirmar la fe de quienes los usan: aprovechan cuando la fe cree la promesa que en ellos se ofrece. Enseñar que confieren la gracia «ex opere operato», por el solo hecho de realizarse, a quien no pone obstáculo, aunque no haya en él un buen movimiento del corazón, es creer que el hombre se justifica por una ceremonia, sin fe; Abraham no fue justificado por la circuncisión, que le fue dada como señal (). Los reformados añaden que la gracia no la confiere ningún poder que esté en los sacramentos, sino solo la obra del Espíritu.

  • «Volver a la penitencia es volver al bautismo: la «segunda tabla» no significa que el barco se haya roto»

    El bautismo no es algo pasado que se pierde al pecar: su poder y su significado abarcan toda la vida, y el arrepentimiento no es otra cosa que volver al bautismo y practicar de nuevo lo que en él se empezó. Por eso no es correcto llamar a la penitencia «segunda tabla» para nadar después del naufragio, como si el bautismo ya no sirviera: el barco no se rompe, porque es obra de Dios; somos nosotros los que caemos de él, y quien cae debe volver a él.

  • «Lo que queda en el bautizado es verdadero pecado»

    El bautismo quita la culpa del pecado original, pero la concupiscencia que queda en el bautizado es verdadero pecado, aunque Dios lo perdone y no lo impute: Pablo la llama «pecado» (). Por eso la corrupción de la naturaleza permanece aun en los regenerados, y ella y todos sus movimientos son, dicen los reformados, «verdadera y propiamente pecado».

  • «Solo un ministro de la Palabra legítimamente ordenado puede bautizar»

    Ni el bautismo ni la Cena del Señor pueden ser administrados sino por un ministro de la Palabra legítimamente ordenado, porque Cristo dio el mandato de bautizar a quienes envió a enseñar () y nadie toma para sí este honor si no es llamado por Dios (). Y la eficacia del sacramento no depende de la piedad ni de la intención de quien lo administra, sino de la obra del Espíritu y de la palabra de la institución.

  • «Rociar o derramar agua no es el bautismo apostólico: el bautismo es por tres inmersiones»

    La Iglesia de los siete concilios ecuménicos bautizaba con tres inmersiones en el agua, y así se practicó también en Occidente durante siglos, como muestran las antiguas pilas bautismales; la aspersión o la infusión, introducidas «a escondidas», son una innovación de la Iglesia papal. Lo esencial del bautismo es la triple inmersión con la invocación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, figura de la sepultura y la resurrección de tres días.

  • «Solo es bautismo el de la Iglesia ortodoxa: el de los herejes no santifica ni perdona los pecados»

    Hay una sola Iglesia, santa, católica y apostólica, y solo sus misterios, y por tanto su bautismo, se aceptan. Los ritos no administrados como el Espíritu Santo mandó a los Apóstoles son ajenos a la tradición apostólica: los bautismos de los herejes son «aguas inútiles», que no santifican ni lavan los pecados. Por eso a quienes vienen de ellos se los recibe como no bautizados y se los bautiza.