Objeción a la postura católica
«La gracia y la salvación no están tan unidas al bautismo que nadie pueda salvarse sin él, ni todos los bautizados quedan regenerados»
La objeción
El bautismo es «signo y sello» del pacto de gracia, de la incorporación a Cristo, de la regeneración y del perdón de los pecados (Confesión de Westminster XXVIII.1). Despreciarlo o descuidarlo es un grave pecado, pero la gracia y la salvación no están tan unidas a él que nadie pueda ser regenerado o salvado sin bautismo, ni todos los bautizados quedan por eso regenerados: Simón el mago fue bautizado y seguía «en hiel de amargura» (Hechos 8:13, 23). La eficacia del bautismo no está atada al momento en que se administra; el Espíritu da la gracia prometida a quienes pertenece, según el consejo de Dios y en el tiempo que él dispone.
En sus propias palabras
Aunque el menosprecio ó descuido de esta ordenanza sea un grave pecado, sin embargo, la gracia y la salvacion, no son tan inseparablemente unidas con ella, que seria imposible ser regenerado ó salvo sin ella; y por otra parte, no resulta que todos los que sean bautizados, necesariamente son regenerados. La eficácia del bautismo no se limita al momento mismo en que se administra; sin embargo, por el propio uso de esta ordenanza, la gracia prometida no solamente se ofrece, sino realmente es en debido tiempo demostrada y dada por el Espíritu Santo, á aquellos (sean adultos ó párvulos) á quienes pertenece aquella gracia, segun el consejo de la propia voluntad de Dios.
Confesión de Westminster XXVIII.5–61647 El bautismo es un sacramento del Nuevo Testamento, instituido por Jesu-Cristo. no solo para admitir la persona bautizada en la iglesia visible, sino tambien para que sea para ella un signo y sello del concierto de la gracia, del hecho que es ingerida en Cristo, de su regeneracion, de la remision de sus pecados, y de su sumision á Dios por Jesu-Cristo, á fin de andar en novedad de vida. Segun el mismo mandato de Jesu-Cristo, este sacramento debe continuarse en su iglesia hasta el fin del mundo.
Confesión de Westminster XXVIII.11647 El bautismo es un sacramento del Nuevo Testamento, en el cual Cristo ha ordenado el lavamiento con agua en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, para que sea signo y sello de la incorporación a él, de la remisión de los pecados por su sangre y de la regeneración por su Espíritu; de la adopción y de la resurrección para la vida eterna; y por el cual los bautizados son admitidos solemnemente en la iglesia visible y entran en un compromiso abierto y declarado de ser total y únicamente del Señor.
Catecismo Mayor de Westminster, q. 1651647 Los sacramentos llegan a ser medios eficaces de salvación no por algún poder que haya en ellos, ni por alguna virtud que proceda de la piedad o de la intención de quien los administra, sino solo por la obra del Espíritu Santo y la bendición de Cristo, que los instituyó.
Catecismo Mayor de Westminster, q. 1611647
La respuesta católica
Para la Iglesia católica, el bautismo es «el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra» (Catecismo 1213), y sus «dos efectos principales» son «la purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo» (Catecismo 1262).
El Catecismo dice: «El Señor mismo afirma que el Bautismo es necesario para la salvación (cf Jn 3,5)» (Catecismo 1257). Trento manda no torcer esas palabras «á algun sentido metafórico» (ses. VII, Del bautismo, can. 2). El Catecismo precisa para quiénes: «El Bautismo es necesario para la salvación en aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento»; y añade: «Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, sin embargo, Él no queda sometido a sus sacramentos» (Catecismo 1257). Trento enseña que el paso a la gracia no se da «sin el Bautismo, ó sin el deseo de él» (ses. VI, cap. 4), y el Catecismo enseña el bautismo de sangre y el de deseo, que «produce los frutos del Bautismo sin ser sacramento» (Catecismo 1258–1259). De quien, sin conocer el Evangelio, «busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce», dice que «puede ser salvado» (Catecismo 1260).
Sobre si todos los bautizados quedan regenerados, la Iglesia enseña que los sacramentos contienen la gracia que significan y la confieren «á los que no ponen obstáculo» (Trento, ses. VII, De los sacramentos en general, can. 6), y condena a quien diga «que no siempre, ni á todos se dá gracia por estos Sacramentos, en quanto está de parte de Dios, aunque los reciban dignamente» (can. 7). Los frutos «dependen también de las disposiciones del que los recibe» (Catecismo 1128): el pecado puede impedir «al Bautismo dar frutos de salvación», aunque el sello bautismal permanece (Catecismo 1272). Y de los niños dice Trento que «recibén con toda verdad el Bautismo en remision de sus pecados» (ses. V, can. 4).
El canon de Trento dice: «Si alguno dixere, que el Bautismo es arbitrario, esto es, no preciso para conseguir la salvacion; sea excomulgado» (ses. VII, Del bautismo, can. 5).
Fuentes citadas
En la respuesta
Concilio de Trentosesión V, can. 4
17 jun 1546
Concilio de Trentosesión VI, cap. 4
13 ene 1547
Concilio de Trentosesión VII, De los sacramentos en general, cann. 6–7; Del bautismo, cann. 2 y 5
3 mar 1547
Catecismo de la Iglesia Católica1128, 1213, 1257–1260, 1262, 1272
1992/1997
En la objeción
Confesión de WestminsterXXVIII.5–6
1647
Confesión de WestminsterXXVIII.1
1647
Catecismo Mayor de Westminsterq. 165
1647
Catecismo Mayor de Westminsterq. 161
1647
Pasajes
En la respuesta
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
En la objeción
El mismo Simón creyó también entonces, y bautizándose, se llegó á Felipe: y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacían, estaba atónito.
Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.
Y aconteció en el camino, que en una posada le salió al encuentro Jehová, y quiso matarlo. Entonces Séphora cogió un afilado pedernal, y cortó el prepucio de su hijo, y echólo á sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, á causa de la circuncisión.
Y recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la fe que tuvo en la incircuncisión: para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también á ellos les sea contado por justicia;
Pío y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba á Dios siempre.
Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y díjole: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria á la presencia de Dios.
Y ellos dijeron: Cornelio, el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nación de los Judíos, ha recibido respuesta por un santo ángel, de hacerte venir á su casa, y oir de ti palabras.
Y dijo: Cornelio, tu oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios.
Y se espantaron los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.
Entonces respondió Pedro: ¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos.
No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo;
Maridos, amad á vuestras mujeres, así como Cristo amó á la iglesia, y se entregó á sí mismo por ella, Para santificarla limpiándola en el lavacro del agua por la palabra,
Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas [á ellos] aquel día como tres mil personas.
A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino [como] demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesucristo:
Yo planté, Apolos regó: mas Dios ha dado el crecimiento. Así que, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el crecimiento.
Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judíos ó Griegos, ora siervos ó libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
En el cual también sois circuncidados de circuncisión no hecha con manos, con el despojamiento del cuerpo de los pecados de la carne, en la circuncisión de Cristo; Sepultados juntamente con él en el bautismo, en el cual también resucitasteis con él, por la fe de la operación de Dios que le levantó de los muertos.
¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente en [él] á la semejanza de su muerte, así también [lo seremos á la] de su resurrección:
Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados.
Otras objeciones
«Los sacramentos no dan la gracia por el solo rito realizado: sin la fe no aprovechan»
Los sacramentos son signos y testimonios de la voluntad de Dios hacia nosotros, dados para despertar y confirmar la fe de quienes los usan: aprovechan cuando la fe cree la promesa que en ellos se ofrece. Enseñar que confieren la gracia «ex opere operato», por el solo hecho de realizarse, a quien no pone obstáculo, aunque no haya en él un buen movimiento del corazón, es creer que el hombre se justifica por una ceremonia, sin fe; Abraham no fue justificado por la circuncisión, que le fue dada como señal (Romanos 4:9–11). Los reformados añaden que la gracia no la confiere ningún poder que esté en los sacramentos, sino solo la obra del Espíritu.
El bautismo no es algo pasado que se pierde al pecar: su poder y su significado abarcan toda la vida, y el arrepentimiento no es otra cosa que volver al bautismo y practicar de nuevo lo que en él se empezó. Por eso no es correcto llamar a la penitencia «segunda tabla» para nadar después del naufragio, como si el bautismo ya no sirviera: el barco no se rompe, porque es obra de Dios; somos nosotros los que caemos de él, y quien cae debe volver a él.
«Lo que queda en el bautizado es verdadero pecado»
El bautismo quita la culpa del pecado original, pero la concupiscencia que queda en el bautizado es verdadero pecado, aunque Dios lo perdone y no lo impute: Pablo la llama «pecado» (Romanos 7:7, 17, 20, 23). Por eso la corrupción de la naturaleza permanece aun en los regenerados, y ella y todos sus movimientos son, dicen los reformados, «verdadera y propiamente pecado».
«Solo un ministro de la Palabra legítimamente ordenado puede bautizar»
Ni el bautismo ni la Cena del Señor pueden ser administrados sino por un ministro de la Palabra legítimamente ordenado, porque Cristo dio el mandato de bautizar a quienes envió a enseñar (Mateo 28:19) y nadie toma para sí este honor si no es llamado por Dios (Hebreos 5:4). Y la eficacia del sacramento no depende de la piedad ni de la intención de quien lo administra, sino de la obra del Espíritu y de la palabra de la institución.
«Rociar o derramar agua no es el bautismo apostólico: el bautismo es por tres inmersiones»
La Iglesia de los siete concilios ecuménicos bautizaba con tres inmersiones en el agua, y así se practicó también en Occidente durante siglos, como muestran las antiguas pilas bautismales; la aspersión o la infusión, introducidas «a escondidas», son una innovación de la Iglesia papal. Lo esencial del bautismo es la triple inmersión con la invocación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, figura de la sepultura y la resurrección de tres días.
«Solo es bautismo el de la Iglesia ortodoxa: el de los herejes no santifica ni perdona los pecados»
Hay una sola Iglesia, santa, católica y apostólica, y solo sus misterios, y por tanto su bautismo, se aceptan. Los ritos no administrados como el Espíritu Santo mandó a los Apóstoles son ajenos a la tradición apostólica: los bautismos de los herejes son «aguas inútiles», que no santifican ni lavan los pecados. Por eso a quienes vienen de ellos se los recibe como no bautizados y se los bautiza.