Objeciones a la posición católica
Lo que otras tradiciones objetan a la postura católica sobre la Eucaristía. Cada objeción abre su página, con la respuesta católica.
Si Cristo se ofreció «una vez para siempre», la Misa no puede ser un sacrificio
Hebreos dice que Cristo no se ofreció «muchas veces» sino una vez, que «con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados» y que «donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado» (Hebreos 9:25–26; Hebreos 10:14, 18). La muerte de Cristo es el único sacrificio propiciatorio; la Cena puede ser un sacrificio de alabanza y acción de gracias de los ya reconciliados, pero no uno que reconcilie con Dios. Si la Misa es un sacrificio propiciatorio que se ofrece cada día por vivos y difuntos, o repite la cruz o le añade algo que la cruz no hizo.
Misas privadas y misas por los difuntos: la Cena convertida en una obra que vale por sí sola
Cristo instituyó la Cena para que la comunidad comulgue y los creyentes reciban con fe el perdón. Misas sin comulgantes, multiplicadas y aplicadas a cambio de dinero por vivos y difuntos, hacen de ella una obra que valdría por el solo hecho de celebrarse, sin la fe de quien la recibe. Y la Cena se instituyó para los vivos: aplicarla por los difuntos no tiene testimonio ni mandato en la Escritura.
Pablo lo sigue llamando «pan»: lo consagrado sigue siendo pan
Después de la consagración Pablo lo sigue llamando «pan» (1 Corintios 10:16; 1 Corintios 11:26–28): el pan sigue siendo pan en su sustancia, y enseñar que su sustancia desaparece no concuerda con la Escritura. Los reformados añaden que el cuerpo de Cristo está en el cielo (Hechos 3:21) y que la transubstanciación va «aun contra el sentido y razon comunes» y «destruye la naturaleza del sacramento» (Confesión de Westminster 29.6).
Cristo dijo «Tomad, comed»: guardar, exponer y adorar la hostia va más allá de lo que mandó
Cristo dio el pan para que se tome y se coma («Tomad, comed», Mateo 26:26). Guardarlo, exponerlo y llevarlo en procesión para adorarlo es usar el sacramento para algo que Cristo no mandó, y dirigir la adoración a lo que, a la vista, son pan y vino. Para los reformados, adorar los elementos es idolatría (Westminster 29.4, 29.6).
Cristo dijo «Bebed de ella todos»: negar el cáliz a los laicos cambia lo que él instituyó
De la copa Jesús dijo «Bebed de él todos» (Mateo 26:27), y la Iglesia antigua dio las dos especies a todos durante siglos. Dar a los laicos solo el pan cambia la institución de Cristo y los priva de algo que él mandó.
Los dones se consagran por la invocación del Espíritu Santo, no solo por las palabras de Cristo
En las liturgias antiguas, de Oriente y también de Roma y las Galias, los dones se consagran con la oración que invoca al Espíritu Santo, la epíclesis. Atribuir la consagración solo a las palabras «Esto es mi cuerpo» fue una innovación posterior de la Iglesia latina.
Durante mil años se consagró con pan fermentado: el ázimo es una innovación latina
Durante más de mil años, en Oriente y en Occidente, la Iglesia celebró la Eucaristía con pan fermentado, a ejemplo del Salvador. El pan ázimo de la Iglesia latina es una innovación del siglo XI.