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Objeción a la postura católica

La sede de Roma no es la de Pedro por la Escritura

La objeción

Que la sede de Roma sea la de Pedro se apoya en una tradición, no en la Escritura, que habla más bien de Antioquía. La Iglesia de Roma fue fundada sobre todo por Pablo, por medio de sus discípulos; la acción apostólica de Pedro en Roma no consta en la historia. En la Escritura, Pedro discute como igual entre iguales en el concilio de Jerusalén y es reprendido por Pablo.

En sus propias palabras

  • El trono de Roma es tenido por el de san Pedro por una sola tradición, pero no por la Sagrada Escritura, donde la pretensión favorece a Antioquía, cuya Iglesia es por eso, según atestigua el gran Basilio, "la más venerable de todas las Iglesias del mundo". […] El bienaventurado Pedro, aun en su propia persona, fue juzgado delante de todos por la verdad del Evangelio y, como declara la Escritura, fue hallado reprensible y no andaba rectamente.
    1848
  • el apóstol Pedro, a quien los papistas, apoyándose en libros apócrifos del siglo II, las pseudoclementinas, imaginan con intención como fundador de la Iglesia romana y su primer obispo, discute como igual entre iguales en el sínodo apostólico de Jerusalén, y en otra ocasión es reprendido duramente por el apóstol Pablo, como consta por la carta a los Gálatas
    1895

Suelen plantearla ortodoxos.

La respuesta católica

Para la Iglesia católica, la presencia y la muerte de Pedro en Roma están «atestiguadas por la tradición literaria y arqueológica más antigua»; y entiende que el ministerio de unidad confiado a Pedro «pertenece a la estructura perenne de la Iglesia de Cristo y que esta sucesión está fijada en la sede de su martirio» ().

Para la Iglesia católica, Pablo está unido a Pedro en la Iglesia de Roma: su preeminencia está «enriquecida también con la predicación y el martirio de San Pablo» (), y Juan Pablo II la llama «la Iglesia de Pedro y de Pablo» (). El Catecismo cita a san Ignacio de Antioquía (Carta a los Romanos, hacia 107–110, fecha tradicional; discutida) y a san Ireneo (Contra las herejías, hacia 180–189): «Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma 'que preside en la caridad' […]. 'Porque con esta Iglesia en razón de su origen más excelente debe necesariamente acomodarse toda Iglesia, es decir, los fieles de todas partes'» (). Sobre Antioquía, la Iglesia católica dice que «es plenamente consciente de la función de las sedes apostólicas en la Iglesia antigua, especialmente de las consideradas petrinas –Antioquía y Alejandría–» ().

El canon del Vaticano I sobre este punto dice: «Si alguno, pues, dijere que no es por institución del mismo Cristo el Señor, es decir, por derecho divino, que el bienaventurado Pedro tenga perpetuos sucesores en el primado sobre toda la Iglesia; o que el Romano Pontífice no es sucesor del bienaventurado Pedro en este mismo primado: sea anatema» ().

Fuentes citadas

En la respuesta

  • El primado del Sucesor de Pedro 3, 4, 6

    31 oct 1998

  • Ut unum sint 90

    25 may 1995

  • 834

    1992/1997

  • Pastor aeternus, cap. 2, canon

    18 jul 1870

En la objeción

  • § 11 (Antioquía)

    may 1848

  • § XIV (Pedro y Roma)

    1895

Pasajes

En la objeción

  • Empero viniendo Pedro á Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar. Porque antes que viniesen unos [de parte] de Jacobo, comía con los Gentiles; mas después que vinieron, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión. Y á su disimulación consentían también los otros Judíos; de tal manera que aun Bernabé fué también llevado [de ellos] en su simulación. Mas cuando vi que no andaban derechamente conforme á la verdad del evangelio, dije á Pedro delante de todos: Si tú, siendo Judío, vives como los Gentiles y no como Judío, ¿por qué constriñes á los Gentiles á judaizar?

  • ENTONCES algunos que venían de Judea enseñaban á los hermanos: Que si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Así que, suscitada una disensión y contienda no pequeña á Pablo y á Bernabé contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Bernabé á Jerusalem, y algunos otros de ellos, á los apóstoles y á los ancianos, sobre esta cuestión. Ellos, pues, habiendo sido acompañados de la iglesia, pasaron por la Fenicia y Samaria, contando la conversión de los Gentiles; y daban gran gozo á todos los hermanos. Y llegados á Jerusalem, fueron recibidos de la iglesia y de los apóstoles y de los ancianos: y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Mas algunos de la secta de los Fariseos, que habían creído, se levantaron, diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. Y se juntaron los apóstoles y los ancianos para conocer de este negocio. Y habiendo habido grande contienda, levantándose Pedro, les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los Gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio, y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dió testimonio, dándoles el Espíritu Santo también como á nosotros; Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fe sus corazones. Ahora pues, ¿por qué tentáis á Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes por la gracia del Señor Jesús creemos que seremos salvos, como también ellos. Entonces toda la multitud calló, y oyeron á Bernabé y á Pablo, que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios había hecho por ellos entre los Gentiles. Y después que hubieron callado, Jacobo respondió, diciendo: Varones hermanos, oidme: Simón ha contado cómo Dios primero visitó á los Gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre; Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré y restauraré la habitación de David, que estaba caída; y repararé sus ruinas, y la volveré á levantar; Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los Gentiles, sobre los cuales es llamado mi nombre, dice el Señor, que hace todas estas cosas. Conocidas son á Dios desde el siglo todas sus obras. Por lo cual yo juzgo, que los que de los Gentiles se convierten á Dios, no han de ser inquietados; Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y de fornicación, y de ahogado, y de sangre. Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado. Entonces pareció bien á los apóstoles y á los ancianos, con toda la iglesia, elegir varones de ellos, y enviarlos á Antioquía con Pablo y Bernabé: á Judas que tenía por sobrenombre Barsabas, y á Silas, varones principales entre los hermanos; Y escribir por mano de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, á los hermanos de los Gentiles que están en Antioquía, y en Siria, y en Cilicia, salud: Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, os han inquietado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, á los cuales no mandamos; Nos ha parecido, congregados en uno, elegir varones, y enviarlos á vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, Hombres que han expuesto sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Así que, enviamos á Judas y á Silas, los cuales también por palabra os harán saber lo mismo. Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y á nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: Que os abstengáis de cosas sacrificadas á ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien. Ellos entonces enviados, descendieron á Antioquía; y juntando la multitud, dieron la carta. La cual, como leyeron, fueron gozosos de la consolación. Judas también y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron á los hermanos con abundancia de palabra. Y pasando [allí] algún tiempo, fueron enviados de los hermanos á los apóstoles en paz. Mas á Silas pareció bien el quedarse allí. Y Pablo y Bernabé se estaban en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos. Y después de algunos días, Pablo dijo á Bernabé: Volvamos á visitar á los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están. Y Bernabé quería que tomasen consigo á Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; Mas á Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Pamphylia, y no había ido con ellos á la obra. Y hubo tal contención entre ellos, que se apartaron el uno del otro; y Bernabé tomando á Marcos, navegó á Cipro. Y Pablo escogiendo á Silas, partió encomendado de los hermanos á la gracia del Señor. Y anduvo la Siria y la Cilicia, confirmando á las iglesias.

Encíclicas ortodoxas de 1848, §11, y 1895, §XIV; ninguna da versículos de Hechos 15.

Otras objeciones

  • Cristo es «la cabeza del cuerpo que es la iglesia»: ningún hombre puede serlo

    La Escritura dice de Cristo: «él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia» (); para la Confesión de Westminster no hay otra cabeza de la Iglesia, y entre sus textos de prueba está el mandato «vuestro padre no llaméis á nadie en la tierra… Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo» (). Los ortodoxos añaden que un hombre mortal no puede ser cabeza universal y perpetua de la Iglesia: Cristo mismo la gobierna (). Los luteranos sostienen que el obispo de Roma es solo obispo y pastor de la iglesia de Roma, y que los demás obispos son sus hermanos, no sus súbditos ().

  • «Sobre esta roca edificaré mi iglesia»: la roca es la confesión de Pedro, y las llaves se dieron a todos los apóstoles

    Cuando Cristo dice «sobre esta piedra edificaré mi iglesia», la piedra es la fe que Pedro confesó: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Pedro respondió en nombre de todos, y lo que se le dice a él en singular se dice después a todos en plural: «todo lo que ligareis en la tierra» (), «a los que remitiereis los pecados» (). Las llaves son de toda la Iglesia; y «apacienta mis ovejas» fue para Pedro la restitución de su apostolado después de negar al Señor, no una superioridad sobre los demás.

  • El primado de Roma es de honor y de derecho humano, no una jurisdicción de derecho divino

    Cristo prohibió el señorío entre los apóstoles («Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas… Mas vosotros, no así») () y los envió a todos por igual (). Para los luteranos, Pablo no fue ordenado ni confirmado por Pedro (), y la autoridad del obispo de Roma creció «por derecho humano», por disposición de los concilios (); Melanchthon, al firmar los Artículos de Esmalcalda, admitió concederle por derecho humano una superioridad sobre los obispos si admitiera el Evangelio. Para los ortodoxos, los Padres dieron al obispo de Roma una presidencia de honor por ser obispo de la capital del imperio, «primero entre iguales», como después a Constantinopla (canon 28 de Calcedonia); cada Iglesia se gobernaba con sus propios sínodos, y durante nueve siglos Oriente no reconoció a Roma una jurisdicción sobre toda la Iglesia ().

  • El concilio ecuménico, no el papa, es el tribunal supremo de la Iglesia

    Para los ortodoxos, en la Iglesia antigua las cuestiones que tocaban a toda la Iglesia se llevaban a un concilio ecuménico, «el único tribunal supremo en la Iglesia universal», y el obispo de Roma estaba sujeto a sus decretos como los demás (). Lo apoyan en Calcedonia, que no aceptó la carta del papa León porque fuera del papa, sino después de examinarla y comprobar que concordaba con los concilios anteriores (). Los luteranos añaden que un papa que no acepta ser juzgado por la Iglesia ni por un concilio quita a la Iglesia el juicio que le pertenece ().

  • Ningún hombre en la tierra es infalible; solo la Escritura juzga las controversias

    Para los ortodoxos, fuera de Cristo nadie en la tierra ha sido infalible: el mismo Pedro negó tres veces al Señor y fue reprendido por Pablo, y papas como Honorio fueron condenados como herejes por un concilio ecuménico; la infalibilidad del papa, proclamada en 1870, es una novedad que los primeros nueve siglos no conocieron (), y el guardián de la fe es el cuerpo entero de la Iglesia, el pueblo mismo (). Los reformados sostienen además que el juez supremo de toda controversia es solo el Espíritu Santo que habla en la Escritura. Para los luteranos, la única regla para juzgar toda doctrina son los escritos de los profetas y de los apóstoles.

  • El papa se pone por encima de la Palabra de Dios y ata la salvación a su obediencia: es el Anticristo

    Para los luteranos, el papa pretende ser cabeza de la Iglesia por derecho divino y enseña que nadie puede salvarse sin someterse a él, aunque crea en Cristo (; ). Se arroga cambiar la doctrina y el culto que Dios instituyó y no acepta ser juzgado por nadie (). Eso es lo que Pablo describe del «hombre de pecado», «oponiéndose, y levantándose contra todo lo que se llama Dios», «tanto que se asiente en el templo de Dios como Dios» (); por eso, aun si tuviera el primado por derecho divino, no se le debería obediencia (). La Confesión de Westminster, en su texto de 1647, llama al papa «aquel anti-cristo, aquel inícuo, é hijo de perdicion» ().

  • «Mi reino no es de este mundo»: Cristo no dio a los apóstoles la espada ni el poder de dar reinos

    Cristo dio a los apóstoles solo una potestad espiritual: enseñar el Evangelio, anunciar el perdón de los pecados, administrar los sacramentos y excluir a los impíos sin fuerza física. «Mi reino no es de este mundo» (). Pretender que el papa tiene por derecho divino las dos espadas y el poder de dar y quitar reinos, y que creerlo es necesario para la salvación, convierte las llaves en un reino de este mundo.