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Objeción a la postura católica

La Escritura basta: todo lo necesario para la fe y la salvación está escrito, y nada se le ha de añadir por tradiciones de hombres

La objeción

Dios quiso poner por escrito toda su voluntad para conservarla sin corrupción, y los modos anteriores de revelarse ya cesaron. Todo lo necesario para la fe y la salvación está dicho en la Escritura o se deduce de ella «por buena y necesaria consecuencia»; la Escritura hace que «el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra» (). Por eso no se le debe añadir nada, ni por nuevas revelaciones ni por tradiciones humanas; aunque la comprensión salvadora de lo revelado necesita «la iluminacion interna del Espíritu de Dios», y las circunstancias del culto y del gobierno de la iglesia se ordenan «conforme á la luz de la naturaleza y la prudencia cristiana», guardando las reglas generales de la palabra.

En sus propias palabras

  • Todo el consejo de Dios, tocante á todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvacion, fé y vida del hombre; es ó expresamente expuesto en las Escrituras ó se puede deducir de ellas por buena y necesaria consecuencia; y á esta revelacion de su voluntad, nada se puede, ni se debe, añadir nunca, ni por nuevas revelaciones del Espíritu, ni por las tradiciones de los hombres. (1) Sin embargo, confesamos que la iluminacion interna del Espíritu de Dios, es necesaria á fin de que se entiendan de una manera salvadora, las cosas reveladas en la palabra; (2) y que hay algunas circunstancias tocante al culto de Dios y al gobierno de la iglesia, comunes á las acciones y sociedades humanas, que deben arreglarse conforme á la luz de la naturaleza y la prudencia cristiana, guardándose siempre las reglas generales de la palabra. (3.)
    1647
  • y ademas para mejor conservar y propagar la verdad, y para el mejor consuelo y establecimiento de la iglesia contra la corrupcion de la carne, la malicia de Satanás y del mundo, le plugo ponerlo todo en escrito; por lo cual, las Sagradas Escrituras son muy necesaria[s]; y mas, puesto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad á su pueblo.
    1647

Suelen plantearla reformados.

La respuesta católica

Para la Iglesia católica, la revelación pública está completa en Cristo: el Concilio enseña que «no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo» ().

Para la Iglesia católica, lo recibido de Cristo se transmitió desde el principio por dos caminos. El Catecismo dice: «La transmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras: — oralmente: 'los Apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó'; — por escrito: 'los mismos Apóstoles y los varones apostólicos pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo'» (). El Concilio dice que los mismos apóstoles «amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito» (). Y el Catecismo recuerda que «la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva» ().

El Concilio cita () con estas palabras: «toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena» (). Y enseña que «lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree» (). Dei Verbum 9 dice también: «la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas» ().

Para la Iglesia católica, la Tradición apostólica no es una tradición de hombres: «la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo» (). El Catecismo dice que de ella «es preciso distinguir» las «tradiciones» «teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales», y que «sólo a la luz de la gran Tradición aquéllas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia» ().

Trento, sesión IV, enseña que «esta verdad y disciplina están contenidas en los libros escritos, y en las tradiciones no escritas, que recibidas de boca del mismo Cristo por los Apóstoles, ó enseñadas por los mismos Apóstoles inspirados por el Espíritu Santo, han llegado como de mano en mano hasta nosotros», y concluye: «Si alguno […] despreciáre á sabiendas y con ánimo deliberado las mencionadas tradiciones; sea excomulgado» ().

Fuentes citadas

En la respuesta

  • ses. IV, decreto sobre las Escrituras canónicas

  • Dei Verbum 4, 7, 8, 9, 11

    18 nov 1965

  • 76, 83

    1992/1997

En la objeción

  • I.6

    1647

  • I.1

    1647

Pasajes

En la respuesta

  • Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, ó por carta nuestra.

  • Toda Escritura [es] inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra.

En la objeción

  • Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salud por la fe que es en Cristo Jesús. Toda Escritura [es] inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra.

  • Mas aun si nosotros ó un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

  • Que no os mováis fácilmente de vuestro sentimiento, ni os conturbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como nuestra, como que el día del Señor esté cerca.

  • DIOS, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas, En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo:

Textos de prueba de Westminster 1.1 y 1.6; la ficha de 1.1 imprime además Romanos 2:14-15; 1:19-20, 32; Salmo 19:1-3; Romanos 2:1; 1 Corintios 1:21; 2:13-14; Hebreos 1:1.

Otras objeciones

  • Solo la Escritura es regla y norma; los Padres, los concilios y la Tradición son testigos, no jueces

    Solo los escritos de los profetas y apóstoles son la regla por la que se juzga toda doctrina y todo maestro. Los Padres y los concilios merecen respeto, pero son testigos de cómo se entendió la Escritura, no una segunda norma: «Mas aun si nosotros ó un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema» (). Poner la Tradición a la par de la Escritura le quita a la Palabra de Dios su lugar de juez único.

  • «En vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres»: las tradiciones humanas no obligan la conciencia

    Cristo reprochó a los fariseos honrar a Dios con «mandamientos de hombres» (). Las tradiciones humanas no obligan la conciencia como si fueran necesarias para la salvación. Los luteranos admiten los ritos que sirven al buen orden en la Iglesia, pero enseñan que quien enseña que con ellos se merece la gracia oscurece el Evangelio, y que no es pecado mortal quebrantar tales ordenanzas; los reformados, que «solo Dios es el Señor de la conciencia» ().

  • La autoridad de la Escritura no depende del testimonio de ningún hombre ni de ninguna Iglesia

    La Escritura tiene autoridad porque es palabra de Dios, no porque la Iglesia la apruebe. El testimonio de la Iglesia puede movernos a estimarla, pero la certeza de que es palabra de Dios viene de la obra interior del Espíritu Santo, que da testimonio por la Palabra en nuestros corazones. Si la autoridad de la Escritura dependiera de la Iglesia, la Iglesia estaría por encima de la Palabra.

  • La Escritura se interpreta a sí misma; su juez supremo es el Espíritu que habla en ella, y los concilios y los obispos pueden errar

    La regla infalible para interpretar la Escritura es la Escritura misma, y el juez supremo de toda controversia es el Espíritu Santo que habla en ella. Los sínodos y concilios deciden «ministerialmente» las controversias, y sus decretos, «cuando concuerden con la palabra de Dios, deben recibirse con reverencia y sumision»; y las iglesias deben obedecer a los obispos que enseñan conforme al Evangelio. Pero todos los concilios pueden errar y muchos han errado; por eso no son la regla de la fe sino una ayuda, los fieles examinan lo que se enseña, como los de Berea, que recibieron la palabra «escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así» (), y no se obedece a los obispos si enseñan contra el Evangelio.

  • Los libros llamados apócrifos no son Escritura

    Los libros llamados apócrifos no son de inspiración divina, no forman parte del canon de la Escritura y no tienen autoridad en la Iglesia de Dios: se usan como cualquier otro escrito humano. La Confesión imprime como textos de prueba Lucas 24:27, 44; Romanos 3:2 y 2 Pedro 1:21.

  • El texto auténtico es el hebreo y el griego, y la Escritura debe traducirse a la lengua de cada pueblo

    Lo que Dios inspiró directamente fue el Antiguo Testamento en hebreo y el Nuevo en griego; por eso solo esos textos son «auténticos», y a ellos se debe apelar en toda controversia, no a una traducción. Y como todo el pueblo de Dios tiene derecho a las Escrituras y el mandato de leerlas, deben traducirse a la lengua de cada nación.