Objeción a la postura católica
Pablo lo sigue llamando «pan»: lo consagrado sigue siendo pan
La objeción
Después de la consagración Pablo lo sigue llamando «pan» (1 Corintios 10:16; 1 Corintios 11:26–28): el pan sigue siendo pan en su sustancia, y enseñar que su sustancia desaparece no concuerda con la Escritura. Los reformados añaden que el cuerpo de Cristo está en el cielo (Hechos 3:21) y que la transubstanciación va «aun contra el sentido y razon comunes» y «destruye la naturaleza del sacramento» (Confesión de Westminster 29.6).
En sus propias palabras
De la transubstanciación no nos importa nada la sutileza sofística con que enseñan que el pan y el vino abandonan o pierden su ser natural, y que solo queda la forma y el color del pan, y no pan verdadero. Porque concuerda perfectamente con la Escritura que allí hay pan y sigue habiéndolo, como lo llama el mismo san Pablo: "El pan que partimos", y: "Coma así de aquel pan".
Artículos de Esmalcalda III.6.51537 Aquella doctrina llamada comunmente trasustanciacion que sostiene que hay un cambio de la sustancia del pan y del vino, en la sustancia del cuerpo y de la sangre de Cristo, por la consagracion de un sacerdote, ó por cualquier otro modo, por ser no solamente contra la Escritura, sino aun contra el sentido y razon comunes: destruye la naturaleza del sacramento; y ha sido y es, la causa de muchas supersticiones y groseras idolatrias.
Confesión de Westminster 29.6 y 29.51647 1. La transubstanciación papal, cuando en el papado se enseña que el pan y el vino pierden en la santa Cena su sustancia y su ser natural, y así quedan aniquilados, de modo que son transformados en el cuerpo de Cristo y solo permanece la forma exterior.
Fórmula de Concordia, Epítome VII.22 (artículos rechazados)1577
La respuesta católica
Para la Iglesia católica, la conversión se funda en las palabras de Cristo. Trento enseña: «por quanto dixo Jesu-Cristo nuestro Redentor, que era verdaderamente su cuerpo lo que ofrecia bajo la especie de pan; ha creido por lo mismo perpetuamente la Iglesia de Dios, y lo mismo declara ahora de nuevo este mismo santo Concilio, que por la consagracion del pan y del vino, se convierte toda la substancia del pan en la substancia del cuerpo de nuestro señor Jesu-Cristo, y toda la substancia del vino en la substancia de su sangre» (Trento, ses. XIII, cap. 4; Mateo 26:26; citado en Catecismo 1376). El Catecismo Romano razona sobre la misma frase: si allí quedara la sustancia del pan, «parece que de ningun modo se podria decir con verdad: Esto es mi cuerpo» (Catecismo Romano, parte II, cap. 4, n. 38). Pablo VI enseña que Cristo «no se hace presente en este sacramento sino por la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo y de toda la sustancia del vino en su sangre» (Mysterium fidei 46).
Para la Iglesia católica, que Pablo lo siga llamando «pan» no contradice la conversión. El Catecismo Romano responde que «no debe estrañarse que la Eucaristía se llame pan, aun despues de la consagracion», porque «conserva la figura de pan» y «todavía retiene natural virtud de alimentar», y porque «es costumbre de las Escrituras sagradas llamar las cosas segun lo que parecen»: así llama «varones» a los ángeles que vio Abraham y a los dos que aparecieron en la Ascensión (Catecismo Romano, parte II, cap. 4, n. 40; Génesis 18:2; Hechos 1:10).
Para la Iglesia católica, lo que cambia no es lo que se ve. Pablo VI: «bajo dichas especies ya no existe lo que antes había, sino una cosa completamente diversa; y esto no tan sólo por el juicio de la fe de la Iglesia, sino por la realidad objetiva, puesto que, convertida la sustancia o naturaleza del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo, no queda ya nada del pan y del vino, sino tan sólo las especies» (Mysterium fidei 46). Por eso, dice el Catecismo citando a santo Tomás, esta presencia «no se conoce por los sentidos, […] sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios» (Catecismo 1381). Y el signo no se destruye: «los signos del pan y del vino siguen significando también la bondad de la creación» (Catecismo 1333).
Para la Iglesia católica, la conversión no se reduce a un cambio de significado. Pablo VI rechaza «discutir sobre el misterio de la transustanciación sin referirse a la admirable conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo de Cristo y de toda la sustancia del vino en su sangre, […] de modo que se limitan ellos tan sólo a lo que llaman transignificación y transfinalización» (Mysterium fidei 11), y enseña que las fórmulas de Trento «expresan conceptos no ligados a una determinada forma de cultura ni a una determinada fase de progreso científico, ni a una u otra escuela teológica» (Mysterium fidei 24).
Para la Iglesia católica, que el cuerpo de Cristo esté en el cielo no lo impide. Trento: «no hay en efecto repugnancia en que el mismo Cristo nuestro Salvador esté siempre sentado en el cielo á la diestra del Padre, segun el modo natural de existir, y que al mismo tiempo nos asista sacramentalmente con su presencia, y en su propia substancia en otros muchos lugares», con un modo de existir que «apenas lo podemos declarar con palabras», pero que «es posible á Dios» (Trento, ses. XIII, cap. 1). Pablo VI precisa que bajo las especies «Cristo todo entero está presente en su realidad física, aun corporalmente, pero no a la manera que los cuerpos están en un lugar» (Mysterium fidei 46).
Si alguno dixere, que en el sacrosanto Sacramento de la Eucaristia queda substancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y sangre de nuestro señor Jesu-Cristo; y negare aquella admirable y singular conversion de toda la substancia del pan en el cuerpo, y de toda la substancia del vino en la sangre, permaneciendo solamente las especies de pan y vino; conversion que la Iglesia Católica propisimamente llama Transubstanciacion; sea excomulgado.
Fuentes citadas
En la respuesta
Concilio de Trentosesión XIII, caps. 1 y 4, can. 2
11 oct 1551
Catecismo Romanoparte II, cap. 4, nn. 38 y 40
1566
Pablo VIMysterium fidei 11, 24, 46
3 sep 1965
Catecismo de la Iglesia Católica1333, 1376, 1381
1992/1997
En la objeción
Artículos de EsmalcaldaIII.6.5
1537
Confesión de Westminster29.6 y 29.5
1647
Fórmula de Concordia, EpítomeVII.22 (artículos rechazados)
1577
Pasajes
En la respuesta
Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo.
Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto á él: y cuando los vió, salió corriendo de la puerta de su tienda á recibirlos, é inclinóse hacia la tierra,
Y estando con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él iba, he aquí dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos;
En la objeción
La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga. De manera que, cualquiera que comiere este pan ó bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno á sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa.
Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo.
No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea,
Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
Otras objeciones
Si Cristo se ofreció «una vez para siempre», la Misa no puede ser un sacrificio
Hebreos dice que Cristo no se ofreció «muchas veces» sino una vez, que «con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados» y que «donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado» (Hebreos 9:25–26; Hebreos 10:14, 18). La muerte de Cristo es el único sacrificio propiciatorio; la Cena puede ser un sacrificio de alabanza y acción de gracias de los ya reconciliados, pero no uno que reconcilie con Dios. Si la Misa es un sacrificio propiciatorio que se ofrece cada día por vivos y difuntos, o repite la cruz o le añade algo que la cruz no hizo.
Misas privadas y misas por los difuntos: la Cena convertida en una obra que vale por sí sola
Cristo instituyó la Cena para que la comunidad comulgue y los creyentes reciban con fe el perdón. Misas sin comulgantes, multiplicadas y aplicadas a cambio de dinero por vivos y difuntos, hacen de ella una obra que valdría por el solo hecho de celebrarse, sin la fe de quien la recibe. Y la Cena se instituyó para los vivos: aplicarla por los difuntos no tiene testimonio ni mandato en la Escritura.
Cristo dijo «Tomad, comed»: guardar, exponer y adorar la hostia va más allá de lo que mandó
Cristo dio el pan para que se tome y se coma («Tomad, comed», Mateo 26:26). Guardarlo, exponerlo y llevarlo en procesión para adorarlo es usar el sacramento para algo que Cristo no mandó, y dirigir la adoración a lo que, a la vista, son pan y vino. Para los reformados, adorar los elementos es idolatría (Westminster 29.4, 29.6).
Cristo dijo «Bebed de ella todos»: negar el cáliz a los laicos cambia lo que él instituyó
De la copa Jesús dijo «Bebed de él todos» (Mateo 26:27), y la Iglesia antigua dio las dos especies a todos durante siglos. Dar a los laicos solo el pan cambia la institución de Cristo y los priva de algo que él mandó.
Los dones se consagran por la invocación del Espíritu Santo, no solo por las palabras de Cristo
En las liturgias antiguas, de Oriente y también de Roma y las Galias, los dones se consagran con la oración que invoca al Espíritu Santo, la epíclesis. Atribuir la consagración solo a las palabras «Esto es mi cuerpo» fue una innovación posterior de la Iglesia latina.
Durante mil años se consagró con pan fermentado: el ázimo es una innovación latina
Durante más de mil años, en Oriente y en Occidente, la Iglesia celebró la Eucaristía con pan fermentado, a ejemplo del Salvador. El pan ázimo de la Iglesia latina es una innovación del siglo XI.