Objeción a la postura católica
«Rociar o derramar agua no es el bautismo apostólico: el bautismo es por tres inmersiones»
La objeción
La Iglesia de los siete concilios ecuménicos bautizaba con tres inmersiones en el agua, y así se practicó también en Occidente durante siglos, como muestran las antiguas pilas bautismales; la aspersión o la infusión, introducidas «a escondidas», son una innovación de la Iglesia papal. Lo esencial del bautismo es la triple inmersión con la invocación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, figura de la sepultura y la resurrección de tres días.
En sus propias palabras
La una, santa, católica y apostólica Iglesia de los siete primeros concilios ecuménicos bautizaba con tres inmersiones en el agua; el papa Pelagio habla de la triple inmersión como mandato del Señor, y en el siglo XIII todavía prevalecía en Occidente el bautismo por inmersiones; las mismas pilas sagradas que se conservan en las iglesias más antiguas de Italia son testigos elocuentes de ello. Pero más tarde la aspersión o la infusión, introducidas a escondidas, fueron aceptadas por la Iglesia papal, que todavía mantiene la innovación, ensanchando así el abismo que ella misma abrió; pero nosotros, los ortodoxos, fieles a la tradición apostólica y a la práctica de los siete concilios ecuménicos, "nos mantenemos firmes, luchando por la profesión común, el tesoro paterno de la fe sana"
Encíclica patriarcal y sinodal de 1895, § VIII1895 El bautismo es un lavar y arrancar el pecado original, siendo sumergido tres veces en el agua, mientras el sacerdote pronuncia estas palabras: En el nombre del Padre, amén; y del Hijo, amén; y del Espíritu Santo, amén.
Pedro Mogila, Confesión ortodoxa, qq. 102–1031643 Texto en inglés
What is most essential in the administration of Baptism? Trine immersion in water, in the name of the Father, and of the Son, and of the Holy Ghost.
Filareto, Catecismo extenso, q. 290 seguimos a los sagrados y divinos Apóstoles, que mandan bautizar a los aspirantes con tres inmersiones y emersiones, diciendo en cada inmersión uno de los nombres de la Santísima Trinidad
Oros de Constantinopla (1755/56) (sobre el modo)1755
La respuesta católica
El Catecismo dice: «El Bautismo es realizado de la manera más significativa mediante la triple inmersión en el agua bautismal. Pero desde la antigüedad puede ser también conferido derramando tres veces agua sobre la cabeza del candidato» (Catecismo 1239). El Código de Derecho Canónico dice: «El bautismo se ha de administrar por inmersión o por infusión […]» (can. 854). El Catecismo describe también el rito de las Iglesias orientales, donde el sacerdote, invocando a cada persona de la Trinidad, sumerge al catecúmeno en el agua y lo saca de ella (Catecismo 1240).
Para la Iglesia católica, lo esencial del bautismo es el agua verdadera y la invocación de la Trinidad: «sumergir en el agua al candidato o derramar agua sobre su cabeza, pronunciando la invocación de la Santísima Trinidad» (Catecismo 1278). Trento declara necesaria «el agua verdadera y natural» (ses. VII, Del bautismo, can. 2), y el IV Concilio de Letrán dice que el bautismo «consagrado por la invocacion de la Trinidad […] sobre el agua» da la salvación a niños y adultos (1215).
El canon de Trento sobre la materia del bautismo dice: «Si alguno dixere, que el agua verdadera y natural no es necesaria para el Sacramento del Bautismo, y por este motivo torciere á algun sentido metafórico aquellas palabras de nuestro señor Jesu-Cristo: 'Quien no renaciere del agua, y del Espíritu Santo;' sea excomulgado» (ses. VII, Del bautismo, can. 2).
Fuentes citadas
En la respuesta
Catecismo de la Iglesia Católica1239–1240, 1278
1992/1997
Código de Derecho Canónicocan. 854
1983
Concilio de Trentosesión VII, Del bautismo, can. 2
3 mar 1547
IV Concilio de Letránconst. 1
1215
En la objeción
Encíclica patriarcal y sinodal de 1895§ VIII
1895
Pedro Mogila, Confesión ortodoxaqq. 102–103
1643
Filareto, Catecismo extensoq. 290
Oros de Constantinopla (1755/56) (sobre el modo)
1755/1756
Pasajes
En la objeción
Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Otras objeciones
El bautismo es «signo y sello» del pacto de gracia, de la incorporación a Cristo, de la regeneración y del perdón de los pecados (Confesión de Westminster XXVIII.1). Despreciarlo o descuidarlo es un grave pecado, pero la gracia y la salvación no están tan unidas a él que nadie pueda ser regenerado o salvado sin bautismo, ni todos los bautizados quedan por eso regenerados: Simón el mago fue bautizado y seguía «en hiel de amargura» (Hechos 8:13, 23). La eficacia del bautismo no está atada al momento en que se administra; el Espíritu da la gracia prometida a quienes pertenece, según el consejo de Dios y en el tiempo que él dispone.
«Los sacramentos no dan la gracia por el solo rito realizado: sin la fe no aprovechan»
Los sacramentos son signos y testimonios de la voluntad de Dios hacia nosotros, dados para despertar y confirmar la fe de quienes los usan: aprovechan cuando la fe cree la promesa que en ellos se ofrece. Enseñar que confieren la gracia «ex opere operato», por el solo hecho de realizarse, a quien no pone obstáculo, aunque no haya en él un buen movimiento del corazón, es creer que el hombre se justifica por una ceremonia, sin fe; Abraham no fue justificado por la circuncisión, que le fue dada como señal (Romanos 4:9–11). Los reformados añaden que la gracia no la confiere ningún poder que esté en los sacramentos, sino solo la obra del Espíritu.
El bautismo no es algo pasado que se pierde al pecar: su poder y su significado abarcan toda la vida, y el arrepentimiento no es otra cosa que volver al bautismo y practicar de nuevo lo que en él se empezó. Por eso no es correcto llamar a la penitencia «segunda tabla» para nadar después del naufragio, como si el bautismo ya no sirviera: el barco no se rompe, porque es obra de Dios; somos nosotros los que caemos de él, y quien cae debe volver a él.
«Lo que queda en el bautizado es verdadero pecado»
El bautismo quita la culpa del pecado original, pero la concupiscencia que queda en el bautizado es verdadero pecado, aunque Dios lo perdone y no lo impute: Pablo la llama «pecado» (Romanos 7:7, 17, 20, 23). Por eso la corrupción de la naturaleza permanece aun en los regenerados, y ella y todos sus movimientos son, dicen los reformados, «verdadera y propiamente pecado».
«Solo un ministro de la Palabra legítimamente ordenado puede bautizar»
Ni el bautismo ni la Cena del Señor pueden ser administrados sino por un ministro de la Palabra legítimamente ordenado, porque Cristo dio el mandato de bautizar a quienes envió a enseñar (Mateo 28:19) y nadie toma para sí este honor si no es llamado por Dios (Hebreos 5:4). Y la eficacia del sacramento no depende de la piedad ni de la intención de quien lo administra, sino de la obra del Espíritu y de la palabra de la institución.
«Solo es bautismo el de la Iglesia ortodoxa: el de los herejes no santifica ni perdona los pecados»
Hay una sola Iglesia, santa, católica y apostólica, y solo sus misterios, y por tanto su bautismo, se aceptan. Los ritos no administrados como el Espíritu Santo mandó a los Apóstoles son ajenos a la tradición apostólica: los bautismos de los herejes son «aguas inútiles», que no santifican ni lavan los pecados. Por eso a quienes vienen de ellos se los recibe como no bautizados y se los bautiza.