Objeción a la postura católica
«Los sacramentos no dan la gracia por el solo rito realizado: sin la fe no aprovechan»
La objeción
Los sacramentos son signos y testimonios de la voluntad de Dios hacia nosotros, dados para despertar y confirmar la fe de quienes los usan: aprovechan cuando la fe cree la promesa que en ellos se ofrece. Enseñar que confieren la gracia «ex opere operato», por el solo hecho de realizarse, a quien no pone obstáculo, aunque no haya en él un buen movimiento del corazón, es creer que el hombre se justifica por una ceremonia, sin fe; Abraham no fue justificado por la circuncisión, que le fue dada como señal (Romanos 4:9–11). Los reformados añaden que la gracia no la confiere ningún poder que esté en los sacramentos, sino solo la obra del Espíritu.
En sus propias palabras
Sobre el uso de los sacramentos enseñan que los sacramentos fueron instituidos no solo para ser señales de profesión entre los hombres, sino más bien para ser signos y testimonios de la voluntad de Dios hacia nosotros, propuestos para despertar y confirmar la fe en quienes los usan. Por eso hay que usar los sacramentos de modo que se añada la fe, que crea las promesas que por los sacramentos se ofrecen y muestran. Condenan, por tanto, a quienes enseñan que los sacramentos justifican ex opere operato y no enseñan que en el uso de los sacramentos se requiere la fe que cree que los pecados son perdonados.
Confesión de Augsburgo XIII (Del uso de los sacramentos)1530 Es más necesario entender cómo se han de usar los sacramentos. Aquí condenamos a toda la multitud de doctores escolásticos que enseñan que los sacramentos confieren la gracia ex opere operato a quien no pone obstáculo, sin un buen movimiento de quien los usa. Esta es sencillamente una opinión judía: pensar que somos justificados por una ceremonia, sin un buen movimiento del corazón, es decir, sin fe. […] Pablo lo contradice y niega (Romanos 4:9) que Abraham fuera justificado por la circuncisión […] La promesa es inútil si no se recibe por la fe.
Apología de la Confesión de Augsburgo, XIII, nn. 18–20, 23 (VII)1531 La gracia que se comunica en los sacramentos, ó por ellos dignamente empleados, no se dá por ningun poder que está en ellos, ni depende la eficácia de un sacramento de la piedad ó intencion de aquel que lo administra, sino de la operacion del Espíritu, y de las palabras de institucion, que contienen, juntamente con el precepto que autoriza el uso del sacramento, una promesa de bendicion para los que lo reciban dignamente.
Confesión de Westminster XXVII.31647 solo la fe hace a la persona digna de recibir con provecho el agua salvadora y divina. Porque, como estos bienes se presentan y prometen aquí en las palabras, en el agua y con ella, no pueden recibirse de otro modo que creyéndolos de corazón. […] Donde la fe florece con sus frutos, este bautismo no representa una significación vacía, sino que lleva unidas las obras de mortificar la carne. Pero, ausente la fe, permanece solo como signo desnudo e ineficaz.
Catecismo Mayor (Lutero), IV.33, y IV.73 (Del bautismo)1529
La respuesta católica
Para la Iglesia católica, el bautismo es «el sacramento de la fe» (Catecismo 1253), y los sacramentos «no sólo suponen la fe, también la fortalecen, la alimentan y la expresan» (Catecismo 1123, citando al Concilio Vaticano II). «Celebrados dignamente en la fe», dice el Catecismo, «los sacramentos confieren la gracia que significan» (Catecismo 1127). Trento describe cómo se prepara el adulto: «movidos y ayudados por la gracia divina, conciben la fe por el oido, y se inclinan libremente á Dios», esperan en su misericordia, «comienzan á amarle como fuente de toda justicia», se arrepienten «con aquel arrepentimiento que deben tener antes del Bautismo», y se proponen «recibir este sacramento, empezar una vida nueva, y observar los mandamientos de Dios» (ses. VI, cap. 6; Romanos 10:17).
El Catecismo dice dónde está la eficacia de los sacramentos: «Son eficaces porque en ellos actúa Cristo mismo; Él es quien bautiza, Él quien actúa en sus sacramentos con el fin de comunicar la gracia que el sacramento significa. El Padre escucha siempre la oración de la Iglesia de su Hijo que, en la epíclesis de cada sacramento, expresa su fe en el poder del Espíritu» (Catecismo 1127).
Para la Iglesia católica, «ex opere operato» quiere decir que el sacramento obra «en virtud de la obra salvífica de Cristo, realizada de una vez por todas», de modo que «el sacramento no actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios»; y añade: «Sin embargo, los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe» (Catecismo 1128). Trento rechaza que los sacramentos sean «solo […] señales extrínsecas de la gracia ó santidad recibida por la fe» (ses. VII, De los sacramentos en general, can. 6).
El canon de Trento dice: «Si alguno dixere, que por los mismos Sacramentos de la nueva ley no se confiere gracia ex opere operato, sino que basta para conseguirla sola la fe en las divinas promesas; sea excomulgado» (ses. VII, De los sacramentos en general, can. 8).
Fuentes citadas
En la respuesta
Concilio de Trentosesión VI, cap. 6
13 ene 1547
Concilio de Trentosesión VII, De los sacramentos en general, cann. 6 y 8
3 mar 1547
Catecismo de la Iglesia Católica1123, 1127, 1128, 1253
1992/1997
Concilio Vaticano IISacrosanctum Concilium 59 (vía Catecismo 1123)
4 dic 1963
En la objeción
Confesión de AugsburgoXIII (Del uso de los sacramentos)
25 jun 1530
Apología de la Confesión de AugsburgoXIII, nn. 18–20, 23 (VII)
1531
Confesión de WestminsterXXVII.3
1647
Catecismo Mayor (Lutero)IV.33, y IV.73 (Del bautismo)
1529
Pasajes
En la respuesta
Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
En la objeción
¿Es pues esta bienaventuranza [solamente] en la circuncisión, ó también en la incircuncisión? porque decimos que á Abraham fué contada la fe por justicia. ¿Cómo pues [le] fué contada? ¿en la circuncisión, ó en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión. Y recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la fe que tuvo en la incircuncisión: para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también á ellos les sea contado por justicia;
Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne: Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.
A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino [como] demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesucristo:
Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y [en] fuego.
Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ora Judíos ó Griegos, ora siervos ó libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dió, diciendo: Bebed de él todos; Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.
Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
Otras objeciones
El bautismo es «signo y sello» del pacto de gracia, de la incorporación a Cristo, de la regeneración y del perdón de los pecados (Confesión de Westminster XXVIII.1). Despreciarlo o descuidarlo es un grave pecado, pero la gracia y la salvación no están tan unidas a él que nadie pueda ser regenerado o salvado sin bautismo, ni todos los bautizados quedan por eso regenerados: Simón el mago fue bautizado y seguía «en hiel de amargura» (Hechos 8:13, 23). La eficacia del bautismo no está atada al momento en que se administra; el Espíritu da la gracia prometida a quienes pertenece, según el consejo de Dios y en el tiempo que él dispone.
El bautismo no es algo pasado que se pierde al pecar: su poder y su significado abarcan toda la vida, y el arrepentimiento no es otra cosa que volver al bautismo y practicar de nuevo lo que en él se empezó. Por eso no es correcto llamar a la penitencia «segunda tabla» para nadar después del naufragio, como si el bautismo ya no sirviera: el barco no se rompe, porque es obra de Dios; somos nosotros los que caemos de él, y quien cae debe volver a él.
«Lo que queda en el bautizado es verdadero pecado»
El bautismo quita la culpa del pecado original, pero la concupiscencia que queda en el bautizado es verdadero pecado, aunque Dios lo perdone y no lo impute: Pablo la llama «pecado» (Romanos 7:7, 17, 20, 23). Por eso la corrupción de la naturaleza permanece aun en los regenerados, y ella y todos sus movimientos son, dicen los reformados, «verdadera y propiamente pecado».
«Solo un ministro de la Palabra legítimamente ordenado puede bautizar»
Ni el bautismo ni la Cena del Señor pueden ser administrados sino por un ministro de la Palabra legítimamente ordenado, porque Cristo dio el mandato de bautizar a quienes envió a enseñar (Mateo 28:19) y nadie toma para sí este honor si no es llamado por Dios (Hebreos 5:4). Y la eficacia del sacramento no depende de la piedad ni de la intención de quien lo administra, sino de la obra del Espíritu y de la palabra de la institución.
«Rociar o derramar agua no es el bautismo apostólico: el bautismo es por tres inmersiones»
La Iglesia de los siete concilios ecuménicos bautizaba con tres inmersiones en el agua, y así se practicó también en Occidente durante siglos, como muestran las antiguas pilas bautismales; la aspersión o la infusión, introducidas «a escondidas», son una innovación de la Iglesia papal. Lo esencial del bautismo es la triple inmersión con la invocación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, figura de la sepultura y la resurrección de tres días.
«Solo es bautismo el de la Iglesia ortodoxa: el de los herejes no santifica ni perdona los pecados»
Hay una sola Iglesia, santa, católica y apostólica, y solo sus misterios, y por tanto su bautismo, se aceptan. Los ritos no administrados como el Espíritu Santo mandó a los Apóstoles son ajenos a la tradición apostólica: los bautismos de los herejes son «aguas inútiles», que no santifican ni lavan los pecados. Por eso a quienes vienen de ellos se los recibe como no bautizados y se los bautiza.