Objeción a la postura católica
Misas privadas y misas por los difuntos: la Cena convertida en una obra que vale por sí sola
La objeción
Cristo instituyó la Cena para que la comunidad comulgue y los creyentes reciban con fe el perdón. Misas sin comulgantes, multiplicadas y aplicadas a cambio de dinero por vivos y difuntos, hacen de ella una obra que valdría por el solo hecho de celebrarse, sin la fe de quien la recibe. Y la Cena se instituyó para los vivos: aplicarla por los difuntos no tiene testimonio ni mandato en la Escritura.
En sus propias palabras
si la misa quita los pecados de los vivos y de los muertos por el acto exterior, la justificación vendría de la obra de las misas y no de la fe, lo cual la Escritura no permite.
Confesión de Augsburgo XXIV.10–13, 21–23, 291530 Lo que defienden nuestros adversarios, la aplicación de la ceremonia para liberar las almas de los difuntos, de lo cual sacan ganancias infinitas, no tiene ningún testimonio ni ningún mandato de las Escrituras.
Apología de la Confesión de Augsburgo XXIV.89, 92–93 (sobre la misa por los difuntos)1531 Texto en inglés
the Mass is used almost alone for the dead, although Christ has instituted the Sacrament alone for the living.
Artículos de Esmalcalda II.2.121537 …ni se hace ningun sacrificio verdadero para remision de pecados ni de los vivos y ni de los muertos…
Confesión de Westminster 29.2 y 29.41647
La respuesta católica
Para la Iglesia católica, que un sacramento obre _ex opere operato_ no significa que obre sin fe. El Catecismo define: «los sacramentos obran ex opere operato (según las palabras mismas del Concilio: «por el hecho mismo de que la acción es realizada»), es decir, en virtud de la obra salvífica de Cristo, realizada de una vez por todas», y añade: «Sin embargo, los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe» (Catecismo 1128). Trento dice de la Misa que sus frutos se alcanzan «si nos acercamos al Señor contritos y penitentes, si con sincero corazon, y recta fe, si con temor y reverencia» (ses. XXII, cap. 2).
Para la Iglesia católica, lo deseable es que los fieles comulguen en cada Misa. Trento: «Quisiera por cierto el sacrosanto Concilio que todos los fieles que asistiesen á las Misas comulgasen en ellas, no solo espiritualmente, sino recibiendo tambien sacramentalmente la Eucaristía» (ses. XXII, cap. 6). Pero no condena las misas en que solo comulga el sacerdote, porque «se deben tambien tener con toda verdad por comunes de todos; parte porque el pueblo comulga espiritualmente en ellas, y parte porque se celebran por un ministro público de la Iglesia, no solo por sí, sino por todos los fieles que son miembros del cuerpo de Cristo» (cap. 6). Pablo VI: «toda misa, aunque sea celebrada privadamente por un sacerdote, no es acción privada, sino acción de Cristo y de la Iglesia, la cual, en el sacrifico que ofrece, aprende a ofrecerse a sí misma como sacrificio universal, y aplica a la salvación del mundo entero la única e infinita virtud redentora del sacrificio de la Cruz» (Mysterium fidei 32).
Para la Iglesia católica, la Misa se ofrece también por los difuntos. Trento enseña que se ofrece, «segun la tradicion de los Apóstoles, por los que han muerto en Cristo sin estar plenamente purgados» (ses. XXII, cap. 2). El Catecismo: «El Sacrificio Eucarístico es también ofrecido por los fieles difuntos «que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente purificados» […], para que puedan entrar en la luz y la paz de Cristo» (Catecismo 1371), y cita las _Catequesis mistagógicas_ atribuidas a san Cirilo de Jerusalén (c. 350–390): «Presentando a Dios nuestras súplicas por los que han muerto, aunque fuesen pecadores […], presentamos a Cristo inmolado por nuestros pecados, haciendo propicio para ellos y para nosotros al Dios amigo de los hombres» (Catecismo 1371). Y resume: «En cuanto sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos» (Catecismo 1414).
Para la Iglesia católica, el dinero no compra la Misa. El mismo Concilio de Trento mandó a los obispos prohibir «las condiciones de pagas de qualquiera especie, los contratos» por la celebración de misas y las cobranzas que «no distan mucho del pecado de Simonía», y desterrar «el abuso de decir cierto número de Misas con determinado número de luces, inventado mas bien por espíritu de supersticion que de verdadera religion» (Trento, ses. XXII, decreto sobre lo que se ha de observar en la celebración de la Misa). Hoy el Código manda: «En materia de ofrendas de Misas, evítese hasta la más pequeña apariencia de negociación o comercio» (can. 947), y recomienda a los sacerdotes celebrar «por las intenciones de los fieles, sobre todo de los necesitados, aunque no reciban ninguna ofrenda» (can. 945 §2).
Si alguno dixere, que las Misas en que solo el sacerdote comulga sacramentalmente, son ilícitas, y que por esta causa se deben abrogar; sea excomulgado.
Si alguno dixere, que el sacrificio de la Misa […] solo aprovecha al que lo recibe; y que no se debe ofrecer por los vivos, ni por los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones, ni otras necesidades; sea excomulgado.
Fuentes citadas
En la respuesta
Catecismo de la Iglesia Católica1128, 1371 (con las Catequesis mistagógicas atribuidas a san Cirilo de Jerusalén, c. 350–390), 1414
1992/1997
Concilio de Trentosesión XXII, caps. 2 y 6, cann. 3 y 8, y decreto sobre la celebración de la Misa
17 sep 1562
Pablo VIMysterium fidei 32
3 sep 1965
Código de Derecho Canónicocann. 945 §2 y 947
1983
En la objeción
Confesión de AugsburgoXXIV.10–13, 21–23, 29
25 jun 1530
Apología de la Confesión de AugsburgoXXIV.89, 92–93 (sobre la misa por los difuntos)
1531
Artículos de EsmalcaldaII.2.12
1537
Confesión de Westminster29.2 y 29.4
1647
Pasajes
En la objeción
De manera que, cualquiera que comiere este pan ó bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
Así, que, hermanos míos, cuando os juntáis á comer, esperaos unos á otros.
Mas en vano me honran, enseñando doctrinas [y] mandamientos de hombres.
Otras objeciones
Si Cristo se ofreció «una vez para siempre», la Misa no puede ser un sacrificio
Hebreos dice que Cristo no se ofreció «muchas veces» sino una vez, que «con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados» y que «donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado» (Hebreos 9:25–26; Hebreos 10:14, 18). La muerte de Cristo es el único sacrificio propiciatorio; la Cena puede ser un sacrificio de alabanza y acción de gracias de los ya reconciliados, pero no uno que reconcilie con Dios. Si la Misa es un sacrificio propiciatorio que se ofrece cada día por vivos y difuntos, o repite la cruz o le añade algo que la cruz no hizo.
Pablo lo sigue llamando «pan»: lo consagrado sigue siendo pan
Después de la consagración Pablo lo sigue llamando «pan» (1 Corintios 10:16; 1 Corintios 11:26–28): el pan sigue siendo pan en su sustancia, y enseñar que su sustancia desaparece no concuerda con la Escritura. Los reformados añaden que el cuerpo de Cristo está en el cielo (Hechos 3:21) y que la transubstanciación va «aun contra el sentido y razon comunes» y «destruye la naturaleza del sacramento» (Confesión de Westminster 29.6).
Cristo dijo «Tomad, comed»: guardar, exponer y adorar la hostia va más allá de lo que mandó
Cristo dio el pan para que se tome y se coma («Tomad, comed», Mateo 26:26). Guardarlo, exponerlo y llevarlo en procesión para adorarlo es usar el sacramento para algo que Cristo no mandó, y dirigir la adoración a lo que, a la vista, son pan y vino. Para los reformados, adorar los elementos es idolatría (Westminster 29.4, 29.6).
Cristo dijo «Bebed de ella todos»: negar el cáliz a los laicos cambia lo que él instituyó
De la copa Jesús dijo «Bebed de él todos» (Mateo 26:27), y la Iglesia antigua dio las dos especies a todos durante siglos. Dar a los laicos solo el pan cambia la institución de Cristo y los priva de algo que él mandó.
Los dones se consagran por la invocación del Espíritu Santo, no solo por las palabras de Cristo
En las liturgias antiguas, de Oriente y también de Roma y las Galias, los dones se consagran con la oración que invoca al Espíritu Santo, la epíclesis. Atribuir la consagración solo a las palabras «Esto es mi cuerpo» fue una innovación posterior de la Iglesia latina.
Durante mil años se consagró con pan fermentado: el ázimo es una innovación latina
Durante más de mil años, en Oriente y en Occidente, la Iglesia celebró la Eucaristía con pan fermentado, a ejemplo del Salvador. El pan ázimo de la Iglesia latina es una innovación del siglo XI.