Objeción a la postura católica
Durante mil años se consagró con pan fermentado: el ázimo es una innovación latina
La objeción
Durante más de mil años, en Oriente y en Occidente, la Iglesia celebró la Eucaristía con pan fermentado, a ejemplo del Salvador. El pan ázimo de la Iglesia latina es una innovación del siglo XI.
En sus propias palabras
La Iglesia una, santa, católica y apostólica de los siete concilios ecuménicos, según el ejemplo de nuestro Salvador, celebró la divina Eucaristía durante más de mil años, en Oriente y Occidente, con pan fermentado, como lo atestiguan también los teólogos papales amantes de la verdad; pero la Iglesia papal, desde el siglo XI, innovó también en el sacramento de la divina Eucaristía introduciendo el pan ázimo.
Encíclica patriarcal y sinodal de 1895, § IX1895
La respuesta católica
Para la Iglesia católica, el pan ázimo es disciplina de la Iglesia latina, no una condición de la Eucaristía. Su Código pide pan «exclusivamente de trigo y hecho recientemente» (can. 924) y, en cuanto a la levadura, usar pan ázimo «según la antigua tradición de la Iglesia latina» (can. 926); y ese Código rige solo para ella: «Los cánones de este Código son sólo para la Iglesia latina» (can. 1). El Catecismo nombra como signo esencial el «pan de trigo», sin mencionar la levadura (Catecismo 1412).
Para la Iglesia católica, las Iglesias orientales conservan su propia disciplina. El Concilio Vaticano II declaró «que las Iglesias de Oriente, como las de Occidente, gozan del derecho y deber de regirse según sus respectivas disciplinas peculiares, como lo exijan su venerable antigüedad» (Orientalium Ecclesiarum 5), y les dijo: «Sepan y tengan por seguro todos los orientales, que pueden y deben conservar siempre sus legítimos ritos litúrgicos y su disciplina» (Orientalium Ecclesiarum 6).
el cuerpo de Cristo se consagra verdaderamente en pan de trigo ázimo o fermentado, y los sacerdotes deben consagrar el cuerpo del Señor en uno u otro, cada uno según la costumbre de su Iglesia, occidental u oriental.
Fuentes citadas
En la respuesta
Código de Derecho Canónicocann. 1, 924 y 926
1983
Catecismo de la Iglesia Católica1412
1992/1997
Concilio Vaticano IIOrientalium Ecclesiarum 5–6
1964
Concilio de FlorenciaLaetentur caeli
6 jul 1439
En la objeción
Encíclica patriarcal y sinodal de 1895§ IX
1895
Otras objeciones
Si Cristo se ofreció «una vez para siempre», la Misa no puede ser un sacrificio
Hebreos dice que Cristo no se ofreció «muchas veces» sino una vez, que «con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados» y que «donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado» (Hebreos 9:25–26; Hebreos 10:14, 18). La muerte de Cristo es el único sacrificio propiciatorio; la Cena puede ser un sacrificio de alabanza y acción de gracias de los ya reconciliados, pero no uno que reconcilie con Dios. Si la Misa es un sacrificio propiciatorio que se ofrece cada día por vivos y difuntos, o repite la cruz o le añade algo que la cruz no hizo.
Misas privadas y misas por los difuntos: la Cena convertida en una obra que vale por sí sola
Cristo instituyó la Cena para que la comunidad comulgue y los creyentes reciban con fe el perdón. Misas sin comulgantes, multiplicadas y aplicadas a cambio de dinero por vivos y difuntos, hacen de ella una obra que valdría por el solo hecho de celebrarse, sin la fe de quien la recibe. Y la Cena se instituyó para los vivos: aplicarla por los difuntos no tiene testimonio ni mandato en la Escritura.
Pablo lo sigue llamando «pan»: lo consagrado sigue siendo pan
Después de la consagración Pablo lo sigue llamando «pan» (1 Corintios 10:16; 1 Corintios 11:26–28): el pan sigue siendo pan en su sustancia, y enseñar que su sustancia desaparece no concuerda con la Escritura. Los reformados añaden que el cuerpo de Cristo está en el cielo (Hechos 3:21) y que la transubstanciación va «aun contra el sentido y razon comunes» y «destruye la naturaleza del sacramento» (Confesión de Westminster 29.6).
Cristo dijo «Tomad, comed»: guardar, exponer y adorar la hostia va más allá de lo que mandó
Cristo dio el pan para que se tome y se coma («Tomad, comed», Mateo 26:26). Guardarlo, exponerlo y llevarlo en procesión para adorarlo es usar el sacramento para algo que Cristo no mandó, y dirigir la adoración a lo que, a la vista, son pan y vino. Para los reformados, adorar los elementos es idolatría (Westminster 29.4, 29.6).
Cristo dijo «Bebed de ella todos»: negar el cáliz a los laicos cambia lo que él instituyó
De la copa Jesús dijo «Bebed de él todos» (Mateo 26:27), y la Iglesia antigua dio las dos especies a todos durante siglos. Dar a los laicos solo el pan cambia la institución de Cristo y los priva de algo que él mandó.
Los dones se consagran por la invocación del Espíritu Santo, no solo por las palabras de Cristo
En las liturgias antiguas, de Oriente y también de Roma y las Galias, los dones se consagran con la oración que invoca al Espíritu Santo, la epíclesis. Atribuir la consagración solo a las palabras «Esto es mi cuerpo» fue una innovación posterior de la Iglesia latina.