Objeción a la postura católica
Cristo dijo «Bebed de ella todos»: negar el cáliz a los laicos cambia lo que él instituyó
La objeción
De la copa Jesús dijo «Bebed de él todos» (Mateo 26:27), y la Iglesia antigua dio las dos especies a todos durante siglos. Dar a los laicos solo el pan cambia la institución de Cristo y los priva de algo que él mandó.
En sus propias palabras
A los laicos se les dan las dos especies del sacramento en la Cena del Señor, porque esta costumbre tiene el mandato del Señor en Mateo 26:27: "Bebed de ella todos". Allí Cristo mandó claramente acerca de la copa que todos beban.
Confesión de Augsburgo XXII1530 La Iglesia una, santa, católica y apostólica de los siete concilios ecuménicos, siguiendo el mandato del Señor, "Bebed de ella todos", daba a todos también del santo cáliz; pero la Iglesia papal, desde el siglo IX en adelante, innovó también en este rito, privando a los laicos del santo cáliz, contra el mandato del Señor y la práctica universal de la Iglesia antigua, así como la prohibición expresa de muchos obispos ortodoxos antiguos de Roma.
Encíclica patriarcal y sinodal de 1895, § XI1895 Si Cristo lo instituyó para toda la Iglesia, ¿por qué se niega una especie a una parte de la Iglesia? ¿Por qué se prohíbe el uso de la otra especie? ¿Por qué se cambia la ordenanza de Cristo, sobre todo cuando él mismo la llama su testamento?
Apología de la Confesión de Augsburgo XXII.21531 Las misas privadas, ó la recepcion de este sacramento por un sacerdote, ó por cualquiera otra persona cuando esté sola; como tambien la negacion del cáliz al pueblo; la adoracion de los elementos, el elevarlos, ó llevarlos en procesion ó de otra manera cualquiera para recibir adoracion, y la conservacion de ellos para supuestos usos religiosos, son todas costumbres y prácticas contrarias á la naturaleza de este sacramento, y á la institucion de Cristo.
Confesión de Westminster 29.41647
La respuesta católica
Para la Iglesia católica, ningún precepto divino obliga a los laicos a recibir las dos especies. Trento enseña que, aunque Cristo instituyó el sacramento «en las especies de pan y vino, y lo dió á sus Apóstoles», esa institución no establece «la obligacion de que todos los fieles cristianos deban recibir […] una y otra especie» (Trento, ses. XXI, cap. 1). El concilio recuerda que en Juan 6 el mismo Señor que dijo «si no comiereis la carne del hijo del hombre, ni bebiereis su sangre, no tendréis vida» dijo también «si alguno comiere de este pan, vivirá eternamente» (ses. XXI, cap. 1; Juan 6:53, 51, 58).
Para la Iglesia católica, la razón de fondo es que Cristo está entero en cada especie. Trento: «se recibe en cada una sola de las especies á Cristo todo entero, y un verdadero Sacramento», y quien recibe una sola no queda «defraudado» de «ninguna gracia necesaria para conseguir la salvacion» (ses. XXI, cap. 3). El Catecismo: «Gracias a la presencia sacramental de Cristo bajo cada una de las especies, la comunión bajo la sola especie de pan ya hace que se reciba todo el fruto de gracia propio de la Eucaristía» (Catecismo 1390). Y: «Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes» (Catecismo 1377).
Para la Iglesia católica, la comunión con el pan solo es una ley de la Iglesia, no de Cristo. Trento reconoce que «desde los principios de la religion cristiana» fue «freqüente» comulgar con las dos especies, y presenta la comunión con el pan solo como una «ley» que la Iglesia aprobó «movida de graves y justas causas», y que puede regular porque administra los sacramentos «salva siempre la esencia de ellos» (ses. XXI, cap. 2; 1 Corintios 4:1; 1 Corintios 11:34). Hoy la Iglesia permite la comunión bajo las dos especies: el Concilio Vaticano II dispuso que, «manteniendo firmes los principios dogmáticos declarados por el Concilio de Trento, la comunión bajo ambas especies puede concederse en los casos que la Sede Apostólica determine» (Sacrosanctum Concilium 55); el Código manda: «Adminístrese la sagrada comunión bajo la sola especie del pan o, de acuerdo con las leyes litúrgicas, bajo las dos especies» (can. 925); y el Catecismo, citando el Misal Romano, reconoce que «la comunión tiene una expresión más plena por razón del signo cuando se hace bajo las dos especies», y que esta «es la forma habitual de comulgar en los ritos orientales» (Catecismo 1390).
Si alguno dixere, que no tuvo la santa Iglesia católica causas ni razones justas para dar la comunion solo en la especie de pan á los legos, así como á los clerigos que no celebran; ó que erró en esto; sea excomulgado.
Fuentes citadas
En la respuesta
Concilio de Trentosesión XXI, caps. 1–3, can. 2
16 jul 1562
Concilio Vaticano IISacrosanctum Concilium 55
4 dic 1963
Código de Derecho Canónicocan. 925
1983
Catecismo de la Iglesia Católica1377, 1390
1992/1997
En la objeción
Confesión de AugsburgoXXII
25 jun 1530
Encíclica patriarcal y sinodal de 1895§ XI
1895
Apología de la Confesión de AugsburgoXXII.2
1531
Confesión de Westminster29.4
1647
Pasajes
En la respuesta
Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.
Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente.
TÉNGANNOS los hombres por ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios.
Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, porque no os juntéis para juicio. Las demás cosas ordenaré cuando llegare.
En la objeción
Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dió, diciendo: Bebed de él todos;
De manera que, cualquiera que comiere este pan ó bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno á sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa.
Otras objeciones
Si Cristo se ofreció «una vez para siempre», la Misa no puede ser un sacrificio
Hebreos dice que Cristo no se ofreció «muchas veces» sino una vez, que «con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados» y que «donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado» (Hebreos 9:25–26; Hebreos 10:14, 18). La muerte de Cristo es el único sacrificio propiciatorio; la Cena puede ser un sacrificio de alabanza y acción de gracias de los ya reconciliados, pero no uno que reconcilie con Dios. Si la Misa es un sacrificio propiciatorio que se ofrece cada día por vivos y difuntos, o repite la cruz o le añade algo que la cruz no hizo.
Misas privadas y misas por los difuntos: la Cena convertida en una obra que vale por sí sola
Cristo instituyó la Cena para que la comunidad comulgue y los creyentes reciban con fe el perdón. Misas sin comulgantes, multiplicadas y aplicadas a cambio de dinero por vivos y difuntos, hacen de ella una obra que valdría por el solo hecho de celebrarse, sin la fe de quien la recibe. Y la Cena se instituyó para los vivos: aplicarla por los difuntos no tiene testimonio ni mandato en la Escritura.
Pablo lo sigue llamando «pan»: lo consagrado sigue siendo pan
Después de la consagración Pablo lo sigue llamando «pan» (1 Corintios 10:16; 1 Corintios 11:26–28): el pan sigue siendo pan en su sustancia, y enseñar que su sustancia desaparece no concuerda con la Escritura. Los reformados añaden que el cuerpo de Cristo está en el cielo (Hechos 3:21) y que la transubstanciación va «aun contra el sentido y razon comunes» y «destruye la naturaleza del sacramento» (Confesión de Westminster 29.6).
Cristo dijo «Tomad, comed»: guardar, exponer y adorar la hostia va más allá de lo que mandó
Cristo dio el pan para que se tome y se coma («Tomad, comed», Mateo 26:26). Guardarlo, exponerlo y llevarlo en procesión para adorarlo es usar el sacramento para algo que Cristo no mandó, y dirigir la adoración a lo que, a la vista, son pan y vino. Para los reformados, adorar los elementos es idolatría (Westminster 29.4, 29.6).
Los dones se consagran por la invocación del Espíritu Santo, no solo por las palabras de Cristo
En las liturgias antiguas, de Oriente y también de Roma y las Galias, los dones se consagran con la oración que invoca al Espíritu Santo, la epíclesis. Atribuir la consagración solo a las palabras «Esto es mi cuerpo» fue una innovación posterior de la Iglesia latina.
Durante mil años se consagró con pan fermentado: el ázimo es una innovación latina
Durante más de mil años, en Oriente y en Occidente, la Iglesia celebró la Eucaristía con pan fermentado, a ejemplo del Salvador. El pan ázimo de la Iglesia latina es una innovación del siglo XI.