El detalle
Después de Éfeso (431), la cuestión ya no era si Cristo es uno, sino cómo describir en él la unión de Dios y el hombre. Cirilo de Alejandría (m. 444) había usado la fórmula «una sola naturaleza (physis) encarnada del Verbo de Dios», aunque en la Fórmula de Unión de 433 también aceptó hablar de dos naturalezas. En 448 el monje constantinopolitano Eutiques fue condenado por enseñar que después de la unión había una sola naturaleza, lo que parecía implicar que la humanidad de Cristo no era consustancial con la nuestra. Un concilio reunido en Éfeso en 449, presidido por Dióscoro de Alejandría, rehabilitó a Eutiques y se negó a leer el Tomo del papa León I; León lo llamó latrocinium, un «concilio de ladrones».
El nuevo emperador Marciano convocó el Concilio de Calcedonia en 451. Este depuso a Dióscoro (formalmente por motivos de procedimiento y disciplina), recibió el Tomo de León, condenó a Eutiques y promulgó una definición que confiesa a un solo y mismo Cristo «reconocido en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación», concurriendo ambas en una sola persona (prosopon) e hipóstasis. Sus defensores lo vieron como un equilibrio entre los errores atribuidos a Nestorio y a Eutiques.
Los opositores, muy numerosos en Egipto y entre los cristianos de lengua siríaca, objetaron que «en dos naturalezas» era la posición de Nestorio con otras palabras, que el concilio había humillado a la sede de Alejandría y que el Tomo de León hablaba como si cada naturaleza actuara por su cuenta. Mantuvieron la «única naturaleza» en el sentido de Cirilo: una sola realidad unida del Verbo encarnado, plenamente divina y plenamente humana, sin mezcla. Los especialistas actuales y estas mismas Iglesias prefieren el término miafisita («una naturaleza unida») a monofisita, que sugiere que la humanidad quedó absorbida; las Iglesias ortodoxas orientales condenan expresamente a Eutiques. Buena parte de la disputa giró en torno a términos (physis, hypostasis, prosopon) que cada parte usaba en sentidos distintos.
La división fue también política y cultural. Durante más de un siglo los emperadores intentaron restaurar la unidad: el Henotikon de Zenón (482) evitó mencionar Calcedonia y provocó el cisma acaciano con Roma (484–519); Justiniano combinó presión y concesiones, y el II Concilio de Constantinopla (553) condenó los «Tres Capítulos» en buena medida para tranquilizar a los anticalcedonianos; Heraclio promovió el monoenergismo y el monotelismo (década de 630) con el mismo fin. Nada de eso funcionó. Con Severo de Antioquía y Jacobo Baradeo (ordenado obispo hacia 542/543) se construyó una jerarquía separada, y las conquistas árabes de las décadas de 630 y 640 acabaron con la influencia imperial sobre Egipto y Siria. Armenia, ausente de Calcedonia porque combatía contra Persia en la batalla de Avarayr (451), se distanció del concilio en un sínodo celebrado en Dvin en 506 y lo rechazó formalmente en otro sínodo de Dvin que suele fecharse en 555 (las fechas y el contenido exactos se discuten).
La familia ortodoxa oriental actual reúne a las Iglesias copta, siríaca, apostólica armenia, etíope, eritrea y malankara (India). En el relato calcedoniano (ortodoxo y católico), estas Iglesias abandonaron la fe definida por el IV Concilio Ecuménico; en el relato ortodoxo oriental, ellas conservaron la fe de Nicea, Constantinopla y Éfeso y la de Cirilo, mientras que Calcedonia innovó. Desde el siglo XX, el diálogo ha concluido en gran medida que ambas partes confiesan la misma realidad: las consultas no oficiales de Aarhus (1964), Bristol (1967), Ginebra (1970) y Adís Abeba (1971) desembocaron en las declaraciones oficiales entre ortodoxos y ortodoxos orientales del monasterio de Anba Bishoy, Egipto (1989), y de Chambésy, Suiza (1990), que propusieron levantar los anatemas mutuos. Del lado católico se firmaron declaraciones comunes con el papa Shenuda III (1973), el patriarca siríaco Ignacio Zakka I (1984) y el católicos armenio Karekin I (1996). La plena comunión no se ha restablecido, sobre todo por el estatus de los concilios posteriores y de los santos que cada parte condenó.