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Semipelagianismo

Período
ss. V–VI
Fundador
Monjes del sur de la Galia («masilienses»): Juan Casiano, Vicente de Lérins, Fausto de Riez

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Qué sostenía

Según la definición posterior, enseñaba que el inicio de la fe (initium fidei) puede venir de la voluntad humana, y que la gracia ayuda y completa ese primer movimiento.

Cómo se respondió

Agustín (Sobre la predestinación de los santos, Sobre el don de la perseverancia, c. 428–429) y Próspero de Aquitania respondieron; el II concilio de Orange (529), aprobado por el papa Bonifacio II, afirmó que incluso el inicio de la fe es don de la gracia.

Su historia

El término «semipelagianismo» no existía en la Antigüedad: se acuñó a fines del siglo XVI, en las disputas sobre la gracia en torno a Luis de Molina (su primer uso conocido se atribuye a Teodoro de Beza), y se aplicó retrospectivamente a un grupo de monjes del sur de la Galia del siglo V. Sus contemporáneos los llamaban «masilienses» (por Marsella). No eran seguidores de Pelagio: aceptaban el pecado original y la necesidad de la gracia, y rechazaban expresamente las tesis pelagianas.

Su objeción se dirigía a las últimas obras de Agustín sobre la predestinación y la gracia eficaz. Juan Casiano, en su Conferencia 13, sostuvo que a veces Dios previene a la voluntad y otras veces la voluntad da el primer paso y Dios la sostiene. Les preocupaba que una predestinación absoluta volviera inútiles el esfuerzo ascético, la exhortación y la responsabilidad. Vicente de Lérins y, más tarde, Fausto de Riez pertenecen a esta corriente.

Agustín respondió hacia 428–429 con Sobre la predestinación de los santos y Sobre el don de la perseverancia; su discípulo Próspero de Aquitania continuó la defensa. Casi un siglo después, el II concilio de Orange (529), presidido por Cesáreo de Arlés, enseñó que el pecado de Adán afectó a toda la humanidad y que «incluso el comienzo de la fe» es obra de la gracia; a la vez rechazó la predestinación al mal. El papa Bonifacio II lo aprobó (531). Orange es un sínodo local, pero su autoridad creció a partir del siglo XVI, cuando fue redescubierto.

En la Reforma y después, «semipelagiano» se volvió una acusación recurrente: luteranos y reformados la dirigieron contra teólogos católicos tardomedievales y contra el arminianismo; dominicos y jesuitas se la lanzaron entre sí en la controversia De auxiliis. Muchos ortodoxos señalan que la categoría depende de un marco agustiniano que su tradición no comparte del mismo modo, y que la «sinergia» oriental no debe identificarse con ella. Por eso conviene usar la etiqueta con cuidado.

Concilios que lo trataron

Quiénes respondieron