Su historia
Marción, armador de barcos originario de Sinope (en el mar Negro), llegó a Roma hacia el 140 e hizo una importante donación a la iglesia local. Hacia el 144 fue excomulgado (el dinero le fue devuelto) y fundó una red de iglesias propias, con obispos y liturgia, que se extendió rápidamente por el Mediterráneo y Oriente.
Su punto de partida era el contraste entre la Ley y el Evangelio. En su obra Antítesis comparaba textos del Antiguo Testamento con dichos de Jesús para mostrar que el Dios de Israel —creador, justo y legislador— no podía ser el Padre misericordioso anunciado por Cristo. Por eso rechazó las Escrituras judías y propuso un canon de dos partes: un Evangelio (una forma del Evangelio de Lucas sin ciertos pasajes) y un Apostolikon con diez cartas de Pablo. Su cristología tenía rasgos docetas: Jesús no habría nacido de una mujer.
La respuesta fue amplia. Justino Mártir lo menciona como un maestro activo; Ireneo cuenta que Policarpo, al encontrarse con él, lo llamó «primogénito de Satanás» (Contra las herejías III.3.4); Tertuliano le dedicó los cinco libros de Contra Marción (c. 207–208), que son nuestra fuente principal y defienden la unidad de Dios y de los dos Testamentos. La obra de Marción no se ha conservado; se reconstruye a partir de sus críticos.
Muchos historiadores consideran que el canon de Marción, el primero conocido, impulsó a la gran Iglesia a precisar su propio canon de escritos apostólicos, aunque discuten el alcance de esa influencia. Las iglesias marcionitas sobrevivieron, sobre todo en Siria, hasta el siglo V o más. La tentación de oponer el «Dios del Antiguo Testamento» al «Dios de Jesús» reaparece periódicamente, y por eso Marción sigue siendo un referente en el debate teológico moderno (por ejemplo, en Adolf von Harnack).