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Donatismo

Período
ss. IV–V (residual hasta el s. VII)
Fundador
Partido de Mayorino y luego Donato el Grande, obispo rival de Cartago

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Qué sostenía

Sostenía que los sacramentos administrados por clérigos que habían entregado las Escrituras en la persecución (traditores) eran inválidos, y que la verdadera Iglesia es la de los puros.

Cómo se respondió

Sínodos de Roma (313) y Arlés (314) fallaron contra los donatistas; Optato de Milevi y sobre todo Agustín respondieron que la validez del sacramento depende de Cristo, no de la santidad del ministro; la conferencia de Cartago (411) se pronunció contra ellos.

Su historia

Durante la persecución de Diocleciano (303–305), las autoridades exigieron a los cristianos entregar los libros sagrados. A quienes lo hicieron se les llamó traditores («entregadores»). Hacia 311–312, Ceciliano fue consagrado obispo de Cartago; sus opositores afirmaron que uno de sus consagrantes, Félix de Aptunga, había sido traditor, y que por tanto la consagración era nula. Eligieron un obispo rival, Mayorino, al que pronto sucedió Donato, de quien el movimiento tomó su nombre.

Los donatistas se veían como la Iglesia de los mártires, fiel a la tradición africana de Cipriano de Cartago (s. III), quien había sostenido que el bautismo administrado fuera de la Iglesia no era válido. Por eso rebautizaban a quienes venían de la otra comunión. En gran parte del norte de África llegaron a ser mayoría, y su protesta tenía también tintes sociales y regionales frente a Roma y al poder imperial; un ala radical, los «circunceliones», recurrió a veces a la violencia.

Constantino remitió el caso a obispos: un sínodo en Roma (313) y el concilio de Arlés (314) fallaron a favor de Ceciliano, y Arlés aceptó el bautismo dado en nombre de la Trinidad por herejes. Optato de Milevi (c. 365) y luego Agustín de Hipona desarrollaron la respuesta: Cristo es quien bautiza, y el sacramento es válido aunque el ministro sea indigno (lo que más tarde se llamaría ex opere operato); la Iglesia en la tierra es un cuerpo mixto de trigo y cizaña hasta el juicio final. En 411 una gran conferencia en Cartago, presidida por el comisario imperial Marcelino, falló contra los donatistas, y siguieron leyes represivas.

La controversia dejó un legado ambivalente. Por un lado fijó la doctrina, compartida por católicos, ortodoxos (con matices) y la mayoría de los protestantes, de que la eficacia del sacramento no depende de la santidad personal del ministro. Por otro, Agustín llegó a justificar la coacción estatal contra los cismáticos («oblígalos a entrar», Lc 14:23), un argumento usado después en la historia de la intolerancia religiosa. El donatismo sobrevivió en forma residual hasta la conquista árabe del norte de África.

Concilios que lo trataron