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Arrianismo

Período
s. IV (en reinos germánicos hasta el s. VII)
Fundador
Arrio, presbítero de Alejandría (c. 256–336)

Ver en la línea de tiempo

Qué sostenía

Sostenía que el Hijo es la primera y más excelsa criatura de Dios, no eterno ni de la misma sustancia que el Padre: «hubo un tiempo en que no era».

Cómo se respondió

El concilio de Nicea (325) confesó al Hijo «consustancial» (homoousios) al Padre; Atanasio fue su principal defensor; el concilio de Constantinopla (381) cerró la controversia en el Imperio.

Su historia

Hacia el 318–320, Arrio, presbítero de la iglesia de Baucalis en Alejandría, entró en conflicto con su obispo Alejandro. Arrio quería afirmar con fuerza que Dios es uno, sin principio e indivisible; por eso el Hijo, aunque anterior al tiempo y agente de la creación, debía haber sido engendrado o creado por voluntad del Padre a partir de la nada. Sus partidarios resumían esta idea con la frase «hubo un tiempo en que no era». Arrio se apoyaba en textos como Proverbios 8:22 («el Señor me creó al principio de sus caminos», según la versión griega) y Juan 14:28 («el Padre es mayor que yo»).

El conflicto se extendió por Oriente y el emperador Constantino convocó el primer concilio ecuménico en Nicea (325). El Credo de Nicea declaró al Hijo «engendrado, no creado, consustancial (homoousios) con el Padre» y anatematizó las fórmulas arrianas. Sin embargo, la palabra homoousios no figuraba en la Escritura y a muchos les parecía sospechosa de modalismo, de modo que durante medio siglo se sucedieron fórmulas alternativas: «semejante en sustancia» (homoiousios), «semejante» (homoios) y la postura radical «desemejante» (anomoios) de Aecio y Eunomio. Bajo emperadores favorables a los homeos, Atanasio de Alejandría fue desterrado cinco veces.

Atanasio, Hilario de Poitiers y luego los Padres capadocios (Basilio de Cesarea, Gregorio Nacianceno, Gregorio de Nisa) argumentaron que si el Hijo no es plenamente Dios no puede revelar al Padre ni salvar al ser humano: solo Dios puede unir a la humanidad con Dios. La distinción entre una sola ousía y tres hypóstasis permitió aceptar el homoousios sin caer en el modalismo. Con el emperador Teodosio, el edicto de Tesalónica (380) y el concilio de Constantinopla (381), la fe nicena se impuso en el Imperio.

El arrianismo sobrevivió fuera del Imperio: el misionero Ulfilas había evangelizado a los godos en una forma homea, y visigodos, ostrogodos, vándalos y lombardos fueron arrianos durante generaciones. Los visigodos de España abrazaron la fe nicena en el III Concilio de Toledo (589) y los lombardos en el siglo VII. Los historiadores actuales señalan que «arrianismo» fue en gran parte una etiqueta polémica de Atanasio para agrupar posturas diversas, muchas de las cuales no dependían directamente de Arrio. En tiempos modernos, algunos grupos no trinitarios han sido comparados con el arrianismo.