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Adopcionismo

Período
ss. II–III; resurgimiento en España, s. VIII
Fundador
Teódoto el Curtidor y Pablo de Samosata (antiguo); Elipando de Toledo y Félix de Urgel (hispano, s. VIII)

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Qué sostenía

En su forma antigua, Jesús era un hombre sobre quien descendió el poder de Dios y que fue adoptado como Hijo; el adopcionismo hispano del s. VIII, distinto, llamaba a Cristo «hijo adoptivo» solo en cuanto a su humanidad.

Cómo se respondió

Teódoto fue excomulgado por el papa Víctor (c. 190); un sínodo de Antioquía depuso a Pablo de Samosata (268). El adopcionismo hispano fue condenado en Ratisbona (792), Fráncfort (794), Roma (798) y Aquisgrán (799), con Alcuino y Beato de Liébana como principales opositores.

Su historia

Con el nombre de «adopcionismo» se designan dos fenómenos distintos, separados por más de cinco siglos, que no deben confundirse. El primero, llamado también «monarquianismo dinámico», aparece a fines del siglo II: para proteger la unicidad de Dios (la «monarquía»), sostenía que Jesús era un hombre, nacido de una virgen según algunos, sobre quien descendió en el bautismo el poder (dynamis) de Dios, y que por su virtud fue adoptado como Hijo. Teódoto el Curtidor, de Bizancio, enseñó esto en Roma y fue excomulgado por el papa Víctor (c. 190); le siguieron Teódoto el Banquero y Artemón.

El representante más conocido fue Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, que habría enseñado que el Logos habitó en el hombre Jesús como en un templo, sin ser una persona distinta del Padre. Un sínodo de Antioquía lo depuso en 268, aunque se mantuvo en su sede hasta que el emperador Aureliano lo hizo desalojar (c. 272). Según fuentes posteriores, ese sínodo rechazó el término homoousios en el sentido en que Pablo lo usaba, un dato que más tarde complicó los debates de Nicea. Lo conocemos sobre todo por Eusebio y por fragmentos de sus adversarios.

El segundo fenómeno es el adopcionismo hispano de fines del siglo VIII. Elipando, arzobispo de Toledo en la España bajo dominio musulmán, y Félix, obispo de Urgel, afirmaban que Cristo es Hijo de Dios por naturaleza según su divinidad, pero «hijo adoptivo» según su humanidad, apoyándose en expresiones de la antigua liturgia hispana. Su intención no era negar la divinidad de Cristo, sino distinguir las dos naturalezas; sus críticos —Beato de Liébana, Alcuino de York, Paulino de Aquilea, el papa Adriano I— entendían que la fórmula dividía a Cristo en dos hijos, al modo nestoriano.

Carlomagno convocó sínodos en Ratisbona (792), Fráncfort (794) y Aquisgrán (799), y el papa León III lo condenó en Roma (798). Félix se retractó y pasó sus últimos años bajo vigilancia en Lyon (murió en 818); Elipando, fuera del alcance franco, no se retractó y murió hacia el 805. Algunos historiadores ven en la controversia también una tensión entre la Iglesia hispana y la naciente autoridad carolingia. En la teología moderna, «adopcionista» se usa a veces para describir cristologías que ven a Jesús solo como un hombre exaltado por Dios.

Quiénes respondieron