El detalle
El movimiento veterocatólico tiene dos raíces. La primera es neerlandesa. En los Países Bajos, donde el catolicismo sobrevivió como minoría tolerada tras la Reforma, un largo conflicto por el jansenismo y por los derechos del cabildo catedralicio de Utrecht llevó a que el cabildo eligiera en 1723 a Cornelius Steenoven como arzobispo de Utrecht sin aprobación papal. Fue consagrado en 1724 por Dominique-Marie Varlet, obispo misionero francés, y Roma declaró ilícito el acto. Desde entonces la Iglesia de Utrecht mantuvo su propia línea de obispos, considerándose católica pero no sujeta a la jurisdicción papal.
La segunda raíz es el Concilio Vaticano I. El 18 de julio de 1870, la constitución Pastor aeternus definió que el papa tiene jurisdicción ordinaria plena e inmediata sobre toda la Iglesia y que, cuando habla ex cathedra sobre fe o moral, goza de la infalibilidad que Cristo quiso para su Iglesia. Una minoría significativa de obispos se había opuesto a la definición, pero se retiró antes de la votación o se sometió después. Entre los teólogos, en cambio, el historiador Ignaz von Döllinger, de Múnich, se negó a aceptar los dogmas, argumentando que contradecían la historia y la práctica de la Iglesia antigua; fue excomulgado en 1871. El propio Döllinger nunca se unió formalmente a la Iglesia veterocatólica.
Los opositores se reunieron en congresos en Múnich (1871) y Colonia (1872). En 1873 Joseph Hubert Reinkens fue elegido obispo de los veterocatólicos alemanes y consagrado por Hermann Heykamp, obispo de Deventer de la Iglesia de Utrecht, que les transmitió su sucesión episcopal. En Suiza se formó una Iglesia católica cristiana (con su primer obispo, Eduard Herzog, en 1876), y hubo comunidades más pequeñas en Austria y otros lugares. En 1889 los obispos firmaron la Declaración de Utrecht y formaron la Unión de Utrecht: apelaron a la regla de fe de Vicente de Lérins, «lo que se ha creído en todas partes, siempre y por todos», aceptaron los siete concilios ecuménicos y las decisiones doctrinales del primer milenio, y rechazaron los decretos vaticanos y otras definiciones romanas posteriores.
Con el tiempo, los veterocatólicos introdujeron la liturgia en lengua vernácula, abolieron el celibato obligatorio del clero y, en algunas Iglesias, adoptaron otros cambios. Entraron en plena comunión con la Iglesia de Inglaterra por el Acuerdo de Bonn (1931). Su decisión de ordenar mujeres (la Iglesia alemana desde 1996) llevó a la Iglesia Católica Nacional Polaca, que se había unido a la Unión en 1907, a abandonarla en 2003. El diálogo teológico con los ortodoxos produjo importantes textos de acuerdo (1975–1987), aunque no la comunión.
Cómo lo cuenta cada parte: los veterocatólicos se ven como fieles a la fe de la Iglesia indivisa y a la comprensión católica más antigua del papado, que según ellos fue alterada en 1870. La Iglesia católica considera que el Vaticano I definió lo que siempre se había creído y que los veterocatólicos se separaron de la comunión, aunque en general reconoce la validez de sus órdenes y sacramentos. Los historiadores señalan que el debate de 1870 se entrelazó con el liberalismo, el nacionalismo y el Kulturkampf en Alemania, donde el gobierno apoyó al principio a los veterocatólicos.