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Docetismo

Período
fines s. I–s. II

Ver en la línea de tiempo

Qué sostenía

Enseñaba que Cristo solo «parecía» (gr. dokein) tener un cuerpo humano y sufrir, porque lo divino no podía unirse realmente a la carne.

Cómo se respondió

Rechazado ya en 1 Juan 4:2–3 y 2 Juan 7; Ignacio de Antioquía insiste en que Cristo «verdaderamente» nació, sufrió y resucitó; Ireneo y Tertuliano defienden la realidad de la carne de Cristo.

Su historia

El docetismo (del griego dokein, «parecer») no fue una iglesia ni una escuela única, sino una tendencia presente en distintos grupos de los siglos I y II: la idea de que el Hijo de Dios no asumió realmente un cuerpo humano ni padeció, sino que solo aparentó hacerlo. Detrás estaba una convicción muy extendida en la filosofía de la época: la materia y el sufrimiento son indignos de lo divino.

Varios textos del Nuevo Testamento parecen responder a esta idea. La primera carta de Juan afirma que «todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios» (1 Jn 4:2), y la segunda llama «engañadores» a quienes no lo confiesan (2 Jn 7). A comienzos del siglo II, Ignacio de Antioquía, camino del martirio, repite que Cristo «verdaderamente» nació de María, comió, bebió, fue crucificado y resucitó, y argumenta que si solo aparentó sufrir, su propio martirio no tendría sentido (Tralianos 9–10; Esmirniotas 1–7). Policarpo retoma la fórmula de 1 Juan.

Rasgos docetas aparecen en algunos sistemas gnósticos y en Marción. Hacia el 200, el obispo Serapión de Antioquía desaconsejó el uso del Evangelio de Pedro por considerar que contenía elementos de este tipo. Ireneo y Tertuliano (Sobre la carne de Cristo) defendieron la realidad del cuerpo de Cristo vinculándola con la salvación: solo lo que es verdaderamente asumido puede ser redimido, y solo un cuerpo verdadero puede resucitar.

Aunque el docetismo como tal desapareció, las preguntas que plantea —cómo se unen en Cristo lo divino y lo humano— están en el centro de los grandes debates cristológicos posteriores (Apolinar, Nestorio, Eutiques). En la teología actual, «doceta» se usa también en sentido amplio para cualquier cristología que debilita la humanidad real de Jesús.